martes 21 de abril de 2009

Espíritu de época

¡Porque nosotros también nos merecemos un documental conspiranoide, fatalista y maniqueo!

miércoles 15 de abril de 2009

El turista

Podríamos decir que todo comienza con una raspadita. Sí, de esas raspaditas. Un cartoncito con un material grisáceo y pastoso que uno raya con una moneda o una llave para, en la mayoría de los casos, descubrir una leyenda que anuncia “seguí participando”. Pero esta en particular informaba: “ganaste una colección de la editorial Océano”. Yo tenía 7 años. El premio consistía en una colección de varios libros de la editorial: un diccionario enciclopédico, uno de antónimos y sinónimos, otro de conjugaciones y un atlas, que es el que nos incumbe en este momento. Pasaba horas y horas frente a aquel enigmático libro gordo, contemplando las banderas, los mapamundis y las figuras de los países, algunos que nunca había escuchado en mi vida, como Burkina Faso o Vanuatu. Gracias a mi exposición casi enfermiza a dicho atlas, llegué hasta a saberme de memoria las capitales de prácticamente todos los países del mundo. Uno de los saberes inútiles que me enorgullecían (y enorgullecen) era tener en claro que la capital de Laos es Vientiane.

Por la misma época, mis padres (que estaban al tanto de mi pasión) me compraron otro libro lleno de mapas llamado “El Gran Atlas de los Chicos” y que era tan alto como yo. Si bien no era tan completo como mi libro predilecto, el admirable tamaño de esta nueva adquisición hacía que, literalmente, me sumergiera en los mapas. Así, en un momento estaba en Europa, luego daba vuelta uno de los enormes pedazos de cartón que hacían de páginas y ahora me encontraba en Oceanía. Tuve varios atlas después, aunque con los años fui perdiendo esa fascinación, particularmente por la aparición de nuevos intereses, que la mayoría de las veces no eran compatibles con la vieja afición, como la astronomía, los videojuegos o la música.

Pero no sólo viajé gracias a aquellas maravillas cartográficas. Mi padre siempre estaba dispuesto a recorrer distintos lugares del país y el resto de la familia, indefectiblemente, debía acompañarlo. No esbozábamos quejas, de todos modos. Nos gusta viajar. A mí particularmente me encanta descubrir paisajes nuevos y embriagarme con los sonidos particulares de cada ambiente que conozco. Llegué a conocer, junto a mi familia, distintos rincones de este país. Además de los lugares de postal como Bariloche o Mar del Plata, tuve el privilegio de conocer el Valle de la Luna, las selvas jujeñas, la cordillera mendocina, la Península de Valdés y las Cataratas del Iguazú. Pocas veces cruzamos las fronteras del país, por cuestiones de dinero y el miedo a volar de varios integrantes del clan familiar. De todas formas, en el ámbito foráneo, valoro unas divertidas vacaciones en las playas brasileñas.

Pero creo que mi experiencia como turista aún se encuentra inconclusa. Sueño con ir a Londres, por ejemplo. Soy un anglófilo empedernido, y fantaseo con caminar las calles que transitaron algunos de mis actores, escritores y músicos favoritos (“¡Esta es la calle por la que caminó Ray Davies mientras pensaba la melodía de ‘Sunny Afternoon’!”). Sueño con ir a Voltri, en la provincia italiana de Genova, para descubrir las raíces de mis ancestros. Sueño con Canadá, Nueva York, París, Gales, Australia, Rusia, Egipto. Sueño con todos esos lugares a los que imaginaba ir cada vez que abría aquel Atlas Enciclopédico del año 1995, mientras estaba acostado en mi cama. Cuando llegue el tan ansiado momento, el cuerpo acompañará a la mente en su travesía.

sábado 4 de abril de 2009

BAFICI: Filmefobia

FILMEFOBIA
Dir.: Kiko Goifman
Con: Jean-Claude Bernardet, Cris Bierrenbach y José Mojica Marins

Mezcla de ensayo, mockumentary y película de terror psicológico, Filmefobia es una película difícil de clasificar. En esta rara criatura engendrada por el brasileño Kiko Goifman, Jean Claude, un director de cine malogrado, tiene en mente filmar un documental en donde varios fóbicos enfrentan sus objetos de terror a través de máquinas imposibles. ¿Su finalidad? No es terapia ni experimento psicológico: el deseo obsesivo del director es capturar el momento preciso en el que el fóbico pierde totalmente el control: "esa imagen está hecha para ser capturada" plantea Jean Claude. Entre el sadismo y el morbo, la cámara no sólo capta el festín de escenas grotescas que el experimento supone, sino también reflexiones acerca del poder de la imagen y del cuestionamiento moral en la producción del "documental".

Filmefobia se mueve a un ritmo asfixiante, con la oscuridad como protagonista indiscutible, tanto por la escasa iluminación como por el carácter perturbador de las imágenes. Sus escasos 80 minutos pasan volando de todas formas, pues el espectador no puede evitar quedarse pegado a su silla mientras ve pasar frente a sus ojos a personas volviéndose histéricas (o no) frente a sus respectivas fobias, ya sean víboras, payasos, sangre o... botones.

Al ser inclasificable, es difícil asegurar si la película es una genialidad o una estupidez total. Digamos que supo mantenerme asqueado y fascinado desde el minuto 0, y que pocas películas han logrado hacer ambas cosas a la vez.
?/10

Próximas funciones: Domingo 5/4, 19:45, Atlas Santa Fe.

viernes 3 de abril de 2009

BAFICI: Daytime Drinking

DAYTIME DRINKING
Not Sool
Dir.: Noh Young-Seok
Con: Song Sam-Dong, Yuk Sang-Yeop y Kim Kang-Yee


Daytime Drinking nos narra las peripecias de Hyuk-Jin, que acaba de cortar con su novia y a quien sus amigos, en estado de ebriedad, quieren animar planeando un viaje. Lo malo es que sólo él termina haciendo la travesía, encontrándose perdido y sin un lugar a donde ir. Este es el disparador para varias desventuras jocosas que tienen al malogrado muchacho en el centro del huracán, conociendo diversos personajes, como una pareja que lo invita a una noche de pescado crudo, karaoke y mucho alcohol, y una desiquilibrada amante del arte.

Con una presentación clásica, Daytime Drinking funciona a partir de su humor sencillo y se refuerza a partir de divertidas situaciones desafortunadas y el siempre infalible poder del diálogo, con un personaje principal que resulta ser el típico perdedor sin suerte que tanto nos gusta amar y al que deseamos, desde el primer momento, que la suerte lo acompañe. Aunque parezca que eso no va a suceder pronto.

Cuando salimos de la sala donde se exhibió Daytime Drinking, mi amigo y yo, discutiendo la película, llegamos a la misma conclusión: su enfoque cómico es tan universal que se podría haber hecho en cualquier país. Hasta pensamos en una versión argentina y nos dimos cuenta que habría funcionado de maravillas. Aunque eso podría hablar mal de algún otro film en alguna otra ocasión, en este caso no hace otra cosa que anotarle otro poroto a favor.

8.50/10

Próximas funciones: Viernes 3/4, 16:00, Hotys Abasto; Doming 5/4, 20:30, Teatro 25 de Mayo.

jueves 2 de abril de 2009

BAFICI: Un Autre Homme

UN AUTRE HOMME
Dir.: Lionel Baier
Con: Robin Harsch, Natacha Koutchoumov y Elodie Weber

François llega junto a su novia a Vallée de Joux, un pueblito alejado y nevado, donde se encargará de ser el editor principal del periódico del pueblo. Una de sus obligaciones será escribir críticas de las películas que están en cartelera en el pequeño cine local. Como François no caza un fulbo de cine ni mucho menos de periodismo, empieza a plagiar palabra por palabra críticas de una revista especializada de París. Pronto comienza a obsesionarse con el labor de crítico, pero cuando la dueña del cine del pueblito no quiere que François vaya más por las negativas críticas no-suyas, decide colarse en las exhibiciones para la prensa en Laussuane, una ciudad cercana. Allí conocerá a Rosa, crítica del diario L'Epoque,con quien establecerá una particular relación.

Lo que marca a fuego a Un Autre Homme es su sentido del humor. Es demasiado seco, neurótico por falta de una palabra mejor. Más que lograr carcajadas, el film parece querer lograr una sonrisa cómplice por parte del espectador. También se mete en el terreno de la sátira, sobre todo cuando aparecen discursos metalingüísticos, donde el mismo cine y la crítica son sujetos a ironías, más barderas que escandalosas. Los personajes se ven inmersos en este humor, y por ello es difícil sentir empatía por alguno de ellos (tal vez con excepción de Christine, la novia del protagonista). De todos modos, el personaje de Rosa (interpretada genialmente por Natacha Koutchoumov) resulta fascinante y el punto más alto de la película. Hay en ella algo de mujer fatal y manipuladora, pero también de compañera de aventuras. Sus escenas eróticas con François son más lúdicas que sensuales, y por momentos hasta incómodas. Es también durante estas escenas donde aparecen algunas de los diálogos más memorables ("¿Cómo me calificarías en el sexo?", pregunta François a Rosa, "¿5 estrellas, 4, 3...?").

Filmada en un blanco y negro que ayuda a marcar el tono seco del film, Un Autre Homme es un buen drama psicológico acomediado que se disfruta de principio a fin.

7/10