viernes 3 de julio de 2009

Blur: esas otras canciones

Esta selección es la consecuencia de tres factores: primero, este post del blog amigo Viaje Secreto. Segundo, la reunión de Blur con Graham Coxon de vuelta en la guitarra, luego de su alejamiento en 2002; y tercero, la edición de un nuevo y completamente innecesario best of de la banda, que lleva el risible título de Midlife: A Begginer's Guide to Blur.

¿En qué consiste este posteo? En presentarle esas otras canciones de Blur que, como fanático, creo que son tan esenciales como los hits de la banda. Porque por más conocidos y amados que sean temas de la talla de "Country House", "Coffee & TV", "Beetlebum", "Girls & Boys" o "Song 2" (también conocida como la canción del "whoo-hoo!"), hay otros temas que merecen respeto. Voy a restringirme a canciones que aparecen en alguno de los discos de estudio, porque si agrego lados B no termino más. Aquí les va 6 de ellas, entonces.

"Colin Zeal" (Modern Life is Rubbish, 1993)

El bajo comienza, serpenteante, misterioso y pronto se le une la guitarra: "Chan chan chananana" y luego la batería. La voz se suma contándonos de un tipo llamado Colin Zeal: "Colin Zeal conoce el valor de la atracción masiva. Es un peatón, un orador civil". Súbitamente la música para y una voz lejana ("and the he...") da pie a uno de esos estribillos gloriosos que es difícil que no se te peguen. Y escuchen ese solo tan coxoniano, seguido de un nuevo estribillo con unos preciosos "uuuuh" de fondo.









"Star Shaped" (Modern Life is Rubbish, 1993)

Un tema pop de esos que Blur tan bien hace. El estribillo es adorable con esa interacción que dice: "Me siento tan innecesario. Nosotros no pensamos eso, pareces tener forma de estrella". El resto de la letra habla de lavarse el cuello con un jabón y no sé qué cosa, pero no le quita encanto.









"Trouble in the Message Centre" (Parklife, 1994)

Siempre pensé que este tema tiene un tono futurista. Tal vez es esa voz medio robótica que canta "Yo soy el operador", con ese sintetizador de fondo. Otro estribillo genial, más un canturreo "la la la" (sello de fábrica de la banda) y a cobrar (?).









"Best Days" (The Great Escape, 1995)

Una de las baladas más hermosas de la banda. Nada más que decir.









"Movin' On" (Blur, 1997)

Por qué este tema no fue single en vez de ese plagio al "Boys Keep Swinging" de Bowie que es "M.O.R.", es una gran incógnita. Tiene todo: un riff ganador, un estribillo inolvidable y un divertidísimo solo de sintetizador.









"Trimm Trabb" (13, 1999)

Esta canción de a poco esta recibiendo su merecida cuota de crédito: aparece en Midlife y la banda la está tocando en sus conciertos de regreso. Un tema oscuro, con Albarn repitiendo "it's just the way it is" con sumo desgano, un riff de guitarra tomado de "Wined & Dined" de Syd Barrett y una explosión a la mitad que te toma desprevenido. El final es caótico y memorable.







miércoles 1 de julio de 2009

Un homenaje a Delia Derbyshire

En una de mis absurdas excursiones melómanas (en este caso, en el terreno del rock psicodélico electrónico de finales de los 60's), me topé con un proyecto llamado White Noise, que sacó un fabuloso disco, An Electric Storm. El proyecto estaba integrado, al menos en ese disco, por David Vorhaus, un yanqui con formación clásica en contrabajo y un pasado en física e ingeniería electrónica (qué combo, ¿no?) y dos compositores de la BBC Radiophonic Workshop, Brian Hogdson y la homenajeada del día de hoy, Delia Derbyshire.

White Noise - "Love Without Sound" (1969)








Buscando más a fondo acerca de estas peculiares personas, me enteré que la señorita (al menos en ese entonces) Derbyshire fue la encargada del tema principal de la famosa serie de ciencia ficción Dr. Who, considerado ahora como uno de los primeros referentes importantes de la música electrónica. Se comenta en los pasillos de la BBC que el compositor del tema, Ron Grainer, quedó tan impresionado con el resultado que pidió a la BBC que Delia apareciera como co-escritora del tema, a lo que la emisora británica se negó rotundamente, impidiéndole a Derbyshire nadar en piscinas llenas de libras esterlinas en los años posteriores (bah, o eso es lo que supongo). Dato de color: el tema fue realizado en 1963.



Antes que los sintetizadores y toda esa gilada, Derbyshire realizaba sus composiciones de una manera muy... artesanal, se podría decir. Su especialidad era tomar cintas magnéticas de audio y comenzar a jugar con ellas, ya sea acelerándolas, creando loops, pasándolas en reversa, etc, y luego tocándolas en simultáneo. Todo un laburo medio complicado que lo explica mejor la propia Derbyshire en el siguiente video, con un fuerte acento británico, sin subtítulos en español y ostentando un adorable look de geek de laboratorio (le faltan los anteojos culo de botella y el delantal blanco nada más).



Desde este humilde espacio, entonces, se le dedica un sincero y merecido brindis a una de las pioneras de la música electrónica y que, lamentablemente, se nos fue a loopear cintas al Más Allá en 2001. Chin chin.

martes 30 de junio de 2009

Mmmbop

La única razón por la que existen los Jonas Brothers es para hacernos recordar que los Hanson, después de todo, no eran tan malos.

viernes 15 de mayo de 2009

¡Exclusiva! ¡Te contamos el final de "Lost"!

Es todo un sueño.

lunes 4 de mayo de 2009

Los temas más insoportables de mis artistas favoritos - 3ª Parte

Ver 1ª Parte y 2ª Parte.

THE STROKES - "Ask Me Anything"

Casi cualquier canción del tercer disco de Strokes, First Impressions of Earth podría haber aparecido. Pero "Ask Me Anything" se gana el vergonzoso puesto. La canción, a decir verdad, no comienza mal. La línea del sintetizador es simpática, y el primer verso pinta para un tema pasable. Hasta que llega (ruido de truenos) EL ESTRIBIIIILLOO (léase esto último con voz gutural). "No tengo nada que decir" repite una y otra y otra vez Julian Casablancas. No me jodas, no me había dado cuenta. Encima su voz suena limpia, dejando en evidencia sus limitaciones y desafinadas, mal que recorre el tercer disco de los neoyorkinos. El tema se titula "Preguntáme cualquier cosa". OK: ¿Qué les hizo pensar, muchachos, que este tema era los suficientemente bueno como para grabarlo y meterlo en un disco?".



DEVO - "Peek-A-Boo"

Devo siempre estuvo estuvo en la fína línea que separa la estupidez de la genialidad. Sus primeros discos casi siempre estaban más del lado de la genialidad, pero pronto se cruzaron de bando definitivamente. "Peek-A-Boo" es la muestra de ello. Es un chiste que no hay que tomárselo en serio, por supuesto. Pero es un chiste que no da gracia. Y un chiste que no da gracia es un chiste malo.









THE DRESDEN DOLLS - "First Orgasm"

A ver: todavía no encuentro la respuesta a por qué me gustan los Dresden Dolls. A simple vista, parece música para lesbianas neogóticas, pero la verdad es que el dúo es una de las propuestas más interesantes de la década. Su líder, Amanda Palmer, es una de las minas más talentosas del circuito alternativo actual. Tiene sus tropezones de vez en cuando, como demuestra "First Orgasm". Al parecer hay una guía llamada Cómo Ser Una Cantante-Pianista Provocadora, que si bien la señorita Palmer no necesita, ojeó por curiosidad. Y uno de los consejos que aparecen en el libro es: "Escribir una canción acerca de la masturbación". Y aquí esta Amanda, cantando en un tono monótono cómo a la mañana, mientras afuera los niños que van a la escuela gritan y corren, ella se acuesta en su cama y se toca. Ah, qué lindo. No sólo la letra es demasiado obvia, con referencias bastante bobas ("Voy a hacerme cargo del asunto con mis propias manos"), sino que es melódicamente aburridísima y el final dramático está totalmente fuera de lugar.









THE BEATLES - "Yellow Submarine"

Hay que aclarar que mi rechazo hacia "Submarino Amarillo" proviene de mi profesor de música de la escuela, que nos hizo aprender en flauta dulce la canción. Y como yo detestaba la flauta dulce (nunca supe tocarla bien -no vean doble sentido en esto, perversos-), siempre que escucho este tema se me vienen las imágenes y sonidos de toda aquella demoníaca orquesta de flautas dulces tocada por infantes repitiendo una y otra vez la melodía. Ni me molesto en poner el tema, porque ya lo deben archi-conocer.

martes 21 de abril de 2009

Espíritu de época

¡Porque nosotros también nos merecemos un documental conspiranoide, fatalista y maniqueo!

miércoles 15 de abril de 2009

El turista

Podríamos decir que todo comienza con una raspadita. Sí, de esas raspaditas. Un cartoncito con un material grisáceo y pastoso que uno raya con una moneda o una llave para, en la mayoría de los casos, descubrir una leyenda que anuncia “seguí participando”. Pero esta en particular informaba: “ganaste una colección de la editorial Océano”. Yo tenía 7 años. El premio consistía en una colección de varios libros de la editorial: un diccionario enciclopédico, uno de antónimos y sinónimos, otro de conjugaciones y un atlas, que es el que nos incumbe en este momento. Pasaba horas y horas frente a aquel enigmático libro gordo, contemplando las banderas, los mapamundis y las figuras de los países, algunos que nunca había escuchado en mi vida, como Burkina Faso o Vanuatu. Gracias a mi exposición casi enfermiza a dicho atlas, llegué hasta a saberme de memoria las capitales de prácticamente todos los países del mundo. Uno de los saberes inútiles que me enorgullecían (y enorgullecen) era tener en claro que la capital de Laos es Vientiane.

Por la misma época, mis padres (que estaban al tanto de mi pasión) me compraron otro libro lleno de mapas llamado “El Gran Atlas de los Chicos” y que era tan alto como yo. Si bien no era tan completo como mi libro predilecto, el admirable tamaño de esta nueva adquisición hacía que, literalmente, me sumergiera en los mapas. Así, en un momento estaba en Europa, luego daba vuelta uno de los enormes pedazos de cartón que hacían de páginas y ahora me encontraba en Oceanía. Tuve varios atlas después, aunque con los años fui perdiendo esa fascinación, particularmente por la aparición de nuevos intereses, que la mayoría de las veces no eran compatibles con la vieja afición, como la astronomía, los videojuegos o la música.

Pero no sólo viajé gracias a aquellas maravillas cartográficas. Mi padre siempre estaba dispuesto a recorrer distintos lugares del país y el resto de la familia, indefectiblemente, debía acompañarlo. No esbozábamos quejas, de todos modos. Nos gusta viajar. A mí particularmente me encanta descubrir paisajes nuevos y embriagarme con los sonidos particulares de cada ambiente que conozco. Llegué a conocer, junto a mi familia, distintos rincones de este país. Además de los lugares de postal como Bariloche o Mar del Plata, tuve el privilegio de conocer el Valle de la Luna, las selvas jujeñas, la cordillera mendocina, la Península de Valdés y las Cataratas del Iguazú. Pocas veces cruzamos las fronteras del país, por cuestiones de dinero y el miedo a volar de varios integrantes del clan familiar. De todas formas, en el ámbito foráneo, valoro unas divertidas vacaciones en las playas brasileñas.

Pero creo que mi experiencia como turista aún se encuentra inconclusa. Sueño con ir a Londres, por ejemplo. Soy un anglófilo empedernido, y fantaseo con caminar las calles que transitaron algunos de mis actores, escritores y músicos favoritos (“¡Esta es la calle por la que caminó Ray Davies mientras pensaba la melodía de ‘Sunny Afternoon’!”). Sueño con ir a Voltri, en la provincia italiana de Genova, para descubrir las raíces de mis ancestros. Sueño con Canadá, Nueva York, París, Gales, Australia, Rusia, Egipto. Sueño con todos esos lugares a los que imaginaba ir cada vez que abría aquel Atlas Enciclopédico del año 1995, mientras estaba acostado en mi cama. Cuando llegue el tan ansiado momento, el cuerpo acompañará a la mente en su travesía.

sábado 4 de abril de 2009

BAFICI: Filmefobia

FILMEFOBIA
Dir.: Kiko Goifman
Con: Jean-Claude Bernardet, Cris Bierrenbach y José Mojica Marins

Mezcla de ensayo, mockumentary y película de terror psicológico, Filmefobia es una película difícil de clasificar. En esta rara criatura engendrada por el brasileño Kiko Goifman, Jean Claude, un director de cine malogrado, tiene en mente filmar un documental en donde varios fóbicos enfrentan sus objetos de terror a través de máquinas imposibles. ¿Su finalidad? No es terapia ni experimento psicológico: el deseo obsesivo del director es capturar el momento preciso en el que el fóbico pierde totalmente el control: "esa imagen está hecha para ser capturada" plantea Jean Claude. Entre el sadismo y el morbo, la cámara no sólo capta el festín de escenas grotescas que el experimento supone, sino también reflexiones acerca del poder de la imagen y del cuestionamiento moral en la producción del "documental".

Filmefobia se mueve a un ritmo asfixiante, con la oscuridad como protagonista indiscutible, tanto por la escasa iluminación como por el carácter perturbador de las imágenes. Sus escasos 80 minutos pasan volando de todas formas, pues el espectador no puede evitar quedarse pegado a su silla mientras ve pasar frente a sus ojos a personas volviéndose histéricas (o no) frente a sus respectivas fobias, ya sean víboras, payasos, sangre o... botones.

Al ser inclasificable, es difícil asegurar si la película es una genialidad o una estupidez total. Digamos que supo mantenerme asqueado y fascinado desde el minuto 0, y que pocas películas han logrado hacer ambas cosas a la vez.
?/10

Próximas funciones: Domingo 5/4, 19:45, Atlas Santa Fe.

viernes 3 de abril de 2009

BAFICI: Daytime Drinking

DAYTIME DRINKING
Not Sool
Dir.: Noh Young-Seok
Con: Song Sam-Dong, Yuk Sang-Yeop y Kim Kang-Yee


Daytime Drinking nos narra las peripecias de Hyuk-Jin, que acaba de cortar con su novia y a quien sus amigos, en estado de ebriedad, quieren animar planeando un viaje. Lo malo es que sólo él termina haciendo la travesía, encontrándose perdido y sin un lugar a donde ir. Este es el disparador para varias desventuras jocosas que tienen al malogrado muchacho en el centro del huracán, conociendo diversos personajes, como una pareja que lo invita a una noche de pescado crudo, karaoke y mucho alcohol, y una desiquilibrada amante del arte.

Con una presentación clásica, Daytime Drinking funciona a partir de su humor sencillo y se refuerza a partir de divertidas situaciones desafortunadas y el siempre infalible poder del diálogo, con un personaje principal que resulta ser el típico perdedor sin suerte que tanto nos gusta amar y al que deseamos, desde el primer momento, que la suerte lo acompañe. Aunque parezca que eso no va a suceder pronto.

Cuando salimos de la sala donde se exhibió Daytime Drinking, mi amigo y yo, discutiendo la película, llegamos a la misma conclusión: su enfoque cómico es tan universal que se podría haber hecho en cualquier país. Hasta pensamos en una versión argentina y nos dimos cuenta que habría funcionado de maravillas. Aunque eso podría hablar mal de algún otro film en alguna otra ocasión, en este caso no hace otra cosa que anotarle otro poroto a favor.

8.50/10

Próximas funciones: Viernes 3/4, 16:00, Hotys Abasto; Doming 5/4, 20:30, Teatro 25 de Mayo.

jueves 2 de abril de 2009

BAFICI: Un Autre Homme

UN AUTRE HOMME
Dir.: Lionel Baier
Con: Robin Harsch, Natacha Koutchoumov y Elodie Weber

François llega junto a su novia a Vallée de Joux, un pueblito alejado y nevado, donde se encargará de ser el editor principal del periódico del pueblo. Una de sus obligaciones será escribir críticas de las películas que están en cartelera en el pequeño cine local. Como François no caza un fulbo de cine ni mucho menos de periodismo, empieza a plagiar palabra por palabra críticas de una revista especializada de París. Pronto comienza a obsesionarse con el labor de crítico, pero cuando la dueña del cine del pueblito no quiere que François vaya más por las negativas críticas no-suyas, decide colarse en las exhibiciones para la prensa en Laussuane, una ciudad cercana. Allí conocerá a Rosa, crítica del diario L'Epoque,con quien establecerá una particular relación.

Lo que marca a fuego a Un Autre Homme es su sentido del humor. Es demasiado seco, neurótico por falta de una palabra mejor. Más que lograr carcajadas, el film parece querer lograr una sonrisa cómplice por parte del espectador. También se mete en el terreno de la sátira, sobre todo cuando aparecen discursos metalingüísticos, donde el mismo cine y la crítica son sujetos a ironías, más barderas que escandalosas. Los personajes se ven inmersos en este humor, y por ello es difícil sentir empatía por alguno de ellos (tal vez con excepción de Christine, la novia del protagonista). De todos modos, el personaje de Rosa (interpretada genialmente por Natacha Koutchoumov) resulta fascinante y el punto más alto de la película. Hay en ella algo de mujer fatal y manipuladora, pero también de compañera de aventuras. Sus escenas eróticas con François son más lúdicas que sensuales, y por momentos hasta incómodas. Es también durante estas escenas donde aparecen algunas de los diálogos más memorables ("¿Cómo me calificarías en el sexo?", pregunta François a Rosa, "¿5 estrellas, 4, 3...?").

Filmada en un blanco y negro que ayuda a marcar el tono seco del film, Un Autre Homme es un buen drama psicológico acomediado que se disfruta de principio a fin.

7/10