miércoles 4 de noviembre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década: Epílogo

Como no me puedo despedir del ranking así nomás, voy a tratar de darle una especie de "cierre" presentándoles 5 de las canciones que estuvieron a un paso de entrar, y que por una cuestión de espacio no tuvieron su oportunidad.

"Gimme Some Salt" - Clap Your Hands Say Yeah
Álbum: Clap Your Hands Say Yeah (2004)









Algunos de los que me conocen, saben que Clap Your Hands Say Yeah es una banda que no llega a convencerme. Y eso es por culpa del cantante Alec Ounsworth. Muchos lo comparan con David Byrne y, si bien creo que la similitud existe, ello no exenta a Ounsworth de poseer una de las voces más irritantes del indie actual (cosa difícil, considerando que hay varios cantantes insoportables). La música del grupo, por otro lado, es lo suficientemente interesante como para no llevarme a tirar el disco por la ventana. Sin embargo, hay veces en que ambas cosas conviven en armonía y salen a relucir muy buenos temas. "Gimme Some Salt" es el mejor de ellos en mi opinión. Aquí la voz de Ounsworth no entorpece el disfrute. Es más: aporta mucho a la canción, sobre todo con la pronunciación paranoica del título. El organito ridículo y siniestro es lo más memorable de la canción, al igual que ese ritmo amenazante.

"New Slang" - The Shins
Álbum: Oh! Inverted World (2001)









Una de las canciones relegadas que estuvo más cerca de entrar, "New Slang" es un numerito acústico ensalazado con simpáticos coros de "uh-uh-uh" al comienzo y al final cortesía de los estadounidenses The Shins. Adorable.

"Winning Days" - The Vines
Álbum: Winning Days (2004)









Aunque fue descartada rápidamente, "Winning Days" también tuvo su oportunidad. La coda de esta canción es lo mejor que hicieron los australianos en su miserable carrera. Definitivamente, Craigh Nicholls me gusta más cuando quiere ser John Lennon y no Kurt Cobain.

"City Bird" - of Montreal
Álbum: Satanic Panic in the Attic (2004)









El caso de of Montreal es raro, porque si bien tienen un par de discos a cuestas que son bastante buenos (Satanic Panic in the Attic siendo el mejor, según mi criterio), no pude encontrar canciones lo suficientemente inolvidables (?) como para hacer su aparición en el ranking. La que más estuvo cerca fue este otro dulce número en plan acústico, que incluye un solo de flauta que es una exquisitez.

"Gideon" - My Morning Jacket
Álbum: Z (2005)









Y de esta me arrepiento un poco de no haberla incluído. Ya ni me acuerdo por qué la descarté.

sábado 31 de octubre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (TOP TEN)

10. “Clint Eastwood” – Gorillaz
Álbum: Gorillaz (2001)

“Clint Eastwood”, más que otras, ocupa un importante lugar en el estante de “Canciones que me cambiaron la vida”. A mediados de 2001, con mis 12 años, la música no era uno de mis principales intereses. Me había copado con Blink-182 el año anterior a ese, pero en ese momento no existían (para mí) propuestas que me sacaran de mi letargo no musical. Hasta que apareció esto. Por supuesto, lo primero que me cautivó fue el videoclip. En eso hay que agradecer al ya devaluado MTV, porque sirvió como fuente de descubrimiento de varias bandas en mi preadolescencia. Pero, más allá de lo netamente visual, la música también caló hondo y aun hoy hay cosas de ella que me vuelan el bocho: los violentos golpes de crash, el ritmo trip-hop, el estribillo escandalosamente coreable y el rap de Del Tha Funky Homosapien, probablemente el único de su especie que puedo llegar a cantar, o al menos tararear. El asunto es que, después de Gorillaz, descubrí a Blur por medio de Albarn, y ahí sí: ese fue el paso definitivo para que se concretara mi cariño por ese noble arte que es la música. Y todo, gracias a cuatro dibujos animados y un temazo con el nombre del actor que encarnó a Harry el Sucio.

09. “We Carry On” – Portishead
Álbum: Third (2008)

Un fastidioso “beeeeeeeeeeep” asalta los oídos. Es insoportable, pero nos prepara para lo que será el resto de la experiencia. Entra una batería mentirosamente bailable y un sintetizador que atina a tocar apenas dos notas. Con una economía de recursos sorprendente, los Portishead ya nos hipnotizaron y seremos rehenes de su elucubración por los siguientes 6 minutos. Beth Gibbons comienza a cantar como si fuera una damisela en apuros perdida en un bosque tenebroso. “Sangro el sabor de la vida”, canta entre sollozos Gibbons y hay algo en ese cantar suyo que estremece. Llega una guitarra para hacerle frente al desagradable “beeeeeeeeeeep”, y lo hace de una manera sucia, repugnante, casi invasiva. Y todo vuelve a empezar, hasta que al final la guitarra inunda los parlantes con su distorsión y todo se vuelve hermosamente ininteligible. Una especie de homenaje a “Oscillations” de Silver Apples (banda de fines de los 60’s, ignorada en su época pero absolutamente adelantada a su tiempo) y una de los joyas absolutas de Third, álbum que marcó el regreso triunfal de la banda de Bristol.

08. “Hate to Say I Told You So” – The Hives
Álbum: Veni Vidi Vicious (2000)

Comienzan a sonar los primeros acordes y lo que pienso “uy, acá se pudrió todo”. Así que, agarráte Catalina. Y Agustina, Marcela, Anabella, Sara, Carolina, todas ustedes también. La letra no dice nada en especial y la verdad que poco importa. Lo fundamental es el remate de los versos: “¡porque quiero, porque lo voy a hacer!”. Claro que sí, mierda. El estribillo hace su aparición y el cuerpo ya te pide pogo, sobre todo cuando Howlin’ Pelle lanza el “Do believe I told you sooooooooooo...”. En un momento, el bajo se queda solo, tocando el riff y sabemos que en cualquier instante, se pudre todo de nuevo. Dicho y hecho. Los suecos nos introducen en unos vertiginosos segundos finales, en los que se suma un ruido de sintetizador barato que nos provoca salir a echar abajo estaciones de tren (y demoler, demoler, demoler). Adrenalina pura.

07. “Rebellion (Lies)” – Arcade Fire
Álbum: Funeral (2004)

No descubro nada si digo que Arcade Fire hicieron uno de los discos debuts más redonditos de la década. Funeral es un fulminante compendio de canciones de una pulcra melancolía otoñal, de canciones resplandecientes y cautivadoras, en el que el pop orquestal se encuentra con retazos new wave a la Talking Heads. Ergo, fue muy difícil elegir un solo tema de aquel disco. “Wake Up” estuvo entre las nominadas, al igual que “Neighborhood #3 (Power Out)”, pero la escogida es “Rebellion (Lies)”. ¿La razón? Simplemente porque fue la primera canción que escuché de los canadienses y, por lo tanto, la que logró que les prestara atención en un principio. Empezando con un sugestivo bombo en negras, la canción parece hablar de una rebelión contra las mentiras que nos inculcan los mayores cuando somos pequeños, un llamado a “esconder a nuestros amantes bajo las sábanas”. Nos animan a mantenernos despiertos, a abrir nuestras pestañas pesadas y a luchar contra las mentiras. El coro preciosista de “lies, lies” es de lo mejor del tema, sin contar el final con las voces acompañando el solo de violín. Material perfecto para una justa dosis de escalofríos.

06. “Atlas” – Battles
Álbum: Mirrored (2007)

Después de 94 entradas, finalmente puedo declarar que estamos ante la canción más extraña y singular del ranking. Las reacciones que provoca “Atlas” son, por lo menos, extremas. Algunos la odiarán y se alejarán irritados exclamando agravios hacia las madres de los Battles. Por el contrario, otros quedarán fascinados (aunque también algo desconcertados) por lo que están escuchando. Como sea, lo cierto es que “Atlas” es una auténtica rara avis en lo que concierne a la música rock actual. Lo de Battles es rock hecho con el delantal de laboratorio puesto, una búsqueda constante de sonidos que, sin embargo, no cae en tediosos ejercicios sónicos sino que incurre en ritmos deformes y juguetones. Esta canción en especial, a pesar de sus siete minutos de duración, mantiene en vilo al oyente a partir de varios elementos. Uno de ellos es ese ritmo irresistible, mezcla de “Rock and Roll Part 2” de Gary Glitter y “The Beautiful People” de Marilyn Manson, que provoca moverse como un alien empepado. Después también hay un sinfín de ruiditos electrónicos, algunos que se asemejan a eructos de robot y guitarras procesadas que suenan como fotocopiadoras estropeadas. El componente que más exigencias va a acarrear a la hora del disfrute es la voz distorsionada, que suena a Alvin y las Ardillitas drogados cantando desde una nave espacial, y que funciona como un instrumento más. De todas formas, ¿quieren saber qué es lo más desconcertante de “Atlas”? Que es estrambóticamente pegadiza.

05. “No Warning Given” – Wire
Álbum: Read and Burn 03 [EP] (2007)

Que Wire aparezca en un ranking de las mejores canciones de la primera década de los 2000’s, obedece a dos cuestiones. Primero, mi incondicionalidad hacia la mítica banda de post-punk y, segundo, el triunfo por parte de los británicos de mantenerse relevantes en su cuarta década en el mundo de la música. En un comienzo de siglo en el que surgieron varias bandas que mostraron sin vergüenza la influencia de los primeros tres maravillosos álbumes de estudio del grupo, los profesores siguieron dando cátedra con cosas como “No Warning Given”. Joya oculta si las hay, en el tema, incluído en la tercera parte de la saga de EP’s titulada Read and Burn, los liderados por Colin Newman se explayan en capas de guitarras y teclados atmosféricos que crean texturas volátiles. Cuando la batería mecánica de Richard Gray aparece, provoca una esquizofrenia tal que parece que estamos ante un exponente de un nuevo género: “punk ambiental”. Como es costumbre en los Alambre, la letra es un collage digno de un cadáver exquisito, que sólo contribuye más al aire etéreo de la canción. El último minuto del tema es lo mejor que hizo la banda en esta década, una supernova de guitarras yuxtapuestas que culmina con la pronunciación solemne del título.

04. “Seven Nation Army” – The White Stripes
Álbum: Elephant (2003)

e-------------------------------=-----------|
C#------------------------------------------|
A-------------------------------------------|
E-------------------------------------------|
A---7----7----10----7----5----3----2--------|
E-------------------------------------------|

El riff que nuestros hijos van a querer aprender a tocar en guitarra.

03. “Bluish” – Animal Collective
Álbum: Merriweather Post Pavilion (2009)

Es un tanto irreal que Animal Collective aparezca en esta lista y en una posición tan alta. Si bien la banda de Baltimore es uno de los proyectos más aclamados y queridos por la crítica especializada y cierto público indie, lo cierto es que a mí el colectivo me provoca más exasperación que placer. Tanto su lado folk desquiciado como su incursión en la electrónica inquieta me saturan con toda esa sobreproducción de voces, ritmos, ruidos y melodías amelódicas. Su último disco, Merriweather Post Pavilion, no logró que me enamore de ellos, salvo por algunas excepciones, entre las que se erige la maravillosa “Bluish”. Basándome en lo que escuché del grupo, esta canción es prácticamente una anomalía en su catálogo. Es, entre otras cosas, uno de los temas más accesibles del conjunto. Sonará un poco exagerado, pero considero a “Bluish” la mejor canción de amor de la década. Por suerte, no entra en territorios adiposos, ni mucho menos. Es una declaración sutil, sincera y por instantes, cargada de erotismo (“No debería decirlo, pero cuando me clavas las uñas como un gato, sonrío con placer”). Desde el primer segundo, los estadounidenses nos envuelven en mantos de instrumentos electrónicos con mucho reverb, que sirven de base para las deliciosas melodías y las voces que parecen salidas de un sueño agradable. Todo en la canción es belleza pura: estrofas, puente, estribillo y coda. Si los Collective quieren ganarse mi corazón, van a necesitar hacer más canciones como esta.

02. “Good Day” – The Dresden Dolls
Álbum: The Dresden Dolls (2003)

Conocí a Dresden Dolls a mediados del año pasado, por medio del videoclip de “Girl Anachronism” en el difunto canal de música BitBox. Recuerdo que el video me pareció una locura. Había una minita histriónica pintarrajeada como un mimo dándole a las teclas del piano a toda velocidad. A su lado, un flaco, también maquillado, le daba a la batería con cara de poker. Era una de las cosas más raras que había visto y, sin embargo, me gustaba, aunque no sabía por qué. No tardé mucho en bajarme su primer disco. Cuando finalmente me lo puse a escuchar, saltó “Good Day”, canción que da inicio al álbum debut del dúo. Aún no logro descifrar qué es lo que me encanta del tema. Es simplemente una power-ballad exageradamente dramática, que parece haber sido escrita en un día en el que a Amanda Palmer le pegó mal el síndrome premenstrual. Palmer, con un canto atonal y sentido, basurea a un ex y se le ríe en la cara (“Dale, contame acerca de tu mal día/ Quiero todos los detalles del dolor y sufrimiento que infliges a los otros”), cuenta lo bien que le ha ido en el día y escupe en el camino versos tan ingeniosos como llenos de malicia (“Quiero hacer más que sobrevivir, quiero resfregártelo en la cara”… ¡sublime!). No son pocas las veces que siento que yo no entro en el tipo de público al que que canciones como esta o bandas como Dresden Dolls parecen dirigirse (mi exclamación, entonces, suele ser: "¿Qué carajos hago escuchando esta mierda?"), lo cual me provoca sentimientos encontrados. Pero no hay caso, cada vez que escucho el estribillo me dan ganas de pararme derecho, agitar el brazo derecho y cantar bien alto y fuerte: “Hey, it’s been a lovely day/ Everything’s been going my way/ I took out the trash today/ And I’m on fire”.

01. “Receptacle for the Respectable” – Super Furry Animals
Álbum: Rings Around the World (2001)

Imaginá que estás en un picnic en el día de la primavera. Está soleado, no hay una sola nube en el cielo. Estás con tus amigos, tomando una cervecita y uno se pone a tocar la guitarra. Todo va fantástico, hasta que el cielo comienza a nublarse de repente. Ustedes siguen lo más tranqui, cantando canciones de Sui Generis y comiendo sánguches de miga. Pero el clima empeora. Comienza a llover. Al comienzo son unas gotitas, una lloviznita ignorable. Pero pronto empieza a diluviar. Vos y tu grupo ya se ponen a recoger sus cosas para refugiarse bajo el techo más cercano hasta que pare la lluvia. Pero no parece que eso último vaya a suceder: el clima empeora aún más. Relámpagos surcan los cielos, se escuchan truenos ensordecedores y caen rayos a la distancia, vientos huracanados arrancan árboles. Algo dentro tuyo sugiere que estás frente al mismo Apocalipsis.

¿Hicieron ese ejercicio? OK. “Receptacle for the Respectable” es prácticamente eso, pero con un toque de humor y en forma de canción. El primer minuto lo marca una melodía de pop soleado muy pegadizo, hasta que el ritmo se aminora y nos topamos con el primer cambio de melodía. Después llegará uno más, hasta que finalmente la canción entra en una extravagancia psicodélica con sintetizadores amenazantes y un jocoso canto en plan death-metal. Esta canción de los geniales Super Furry Animals resume su filosofía: se puede ser pop, se puede ser pegadizo, pero también se puede experimentar y divertirse mientras eso se hace. Es lo que la música pop tendría que ser: ganchera y con énfasis en la melodía, pero lo suficientemente flexible como para decidirse a tomar riesgos. Alguno dirá que “Receptacle for the Respectable” es apenas una actualización de “Happiness is a Warm Gun” de los Beatles y no estaría tan equivocado (es más, el mismísimo Paul McCartney contribuye en la canción con percusión creada –y no estoy jodiendo- ¡masticando apio y zanahoria!). Pero justamente de eso se trató la música pop y rock de esta década en particular: de tomar prestado algo del pasado, moldearlo a los tiempos que corren y mezclarlo con ideas frescas para pergeñar un producto nuevo y seductor.


viernes 23 de octubre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (20-11)

20. “Giddy Stratospheres” – The Long Blondes
Álbum: Someone to Drive You Home (2006)

El nombre de la banda ya es un claro índice de lo que depara “Giddy Stratospheres”: batería bailable, guitarras angulares y voces femeninas cargadas de actitud. Pero la letra transita por otros caminos. Aunque está inyectada de una malicia exquisita con un indubitable sello femenino, fue Dorian Cox, guitarrista de la banda, quien escribió la letra, que toma forma en la canción en un estribillo de envidiable eficacia y que Jackson canta vehementemente (“Ella nunca te llevará a alturas vertiginosas que vienen de tus miedos”), y en un simpático diálogo entre la frontwoman y las coristas (“¿Ella es una femme fatale?”- preguntan las chicas; “Es lo que quiere que creas”, responde Jackson en un tono pedante). Exagerando y salvando las distancias entre ambas canciones, nombro a “Giddy Stratospheres” la “Heart of Glass” de la década.

19. “I Predict a Riot” – Kaiser Chiefs
Álbum: Employment (2005)

El segundo single del quinteto oriundo de Leeds no podía faltar en el ranking. Recuerdo que cuando escuché por primera vez “I Predict a Riot” (una forma muy inglesa de decir “Va a pintar bardo, guachín”), quedé pasmado: me dije “¡hey, eso es lo mío! ¡Canturreos de “ah, ah, ah”, “oooooooooooohhhhh” y “la la la”, cortes de cabello británicos, melodía pegadiza, estribillo ganchero! ¿Quiénes son estos tipos?”. En definitiva, me cautivó su carácter formulaico, de manual de hit de pop británico. Cuatro años después, el entusiasmo no sigue siendo el mismo (ni con la canción ni con la banda), pero aún me atrae la frescura que desprende. Y si llega a sonar esta canción en una fiesta, no duden que voy a ser el primero en cantarla a todo pulmón, sobre todo el fabuloso puente: “And if there's anybody left in here/That doesn't want to be out there…”.

18. “Stella Was a Diver and She Was Always Down” – Interpol
Álbum: Turn on the Bright Lights (2002)

“Esta se llama ‘Stella Was a Diver and She Was Always Down’” nos anuncia el cantante Paul Banks, como si estuviéramos en un concierto. Lo que primero me fascina de la canción, incluida en el debut de Interpol, es su misteriosa letra. ¿De qué coños habla? De una chica llamada Stella, sí, obvio. ¿Pero qué onda con ella? Al principio, parece que es una muchacha que sabe captar la atención de los hombres a su alrededor. Después parece que se tropieza y se sumerge en el océano. Al final, Banks parece insinuar que le está por hacer un pete (“She went down, down, down there, down there for me”), llamándola su “juguete sexual catatónico”… ¿la mina está en coma y el tipo le hace cosas chanchas? Dejando de lado las posibles interpretaciones de la letra, la instrumentación es imbatible. Por empezar, la base rítmica es absolutamente fenomenal: gran laburo de la batería a puro golpeteo reiterativo acompañada por el bajo sinuoso y elástico de Carlos D. (que es, cuando se le presenta la chance, uno de los bajistas más imaginativos de la actualidad). Al mismo tiempo, las guitarras se cruzan, sugieren y suenan como alarmas y Banks con su voz nasal se quiebra gritando el nombre de su musa antes de declararle su amor desesperadamente. Sorprendentemente, en los últimos segundos bajan el volumen, ensayan finales falsos y nos dejan el rasguido de una sola guitarra, antes de abandonarnos cruelmente con un engañoso halo de tranquilidad.

17. “Billy Jack” – The Aliens
Álbum: Luna (2008)

Acá con “Billy Jack” de The Aliens (una especie de resurrección de The Beta Band), estoy con un dilema. Por empezar, no sé si la canción va en serio o va en joda. Lo más probable es que sea la segunda opción y tal vez es por eso también que es tan, pero tan, entretenida. Una epopeya/pastiche de rock progresivo de 10 minutos y medio que, de todos modos, no cansa ni aburre. Un leit-motiv sirve de conexión para este exceso rockero a todas luces: “Tell me when you’re gonna rest with your mind”. Por momentos, se autosamplean, repitiendo frases de su canción “Caravan”, que cerraba el disco debut de la agrupación, Astronomy for Dogs. Solos melódicos de guitarra, voces multitrackeadas, órganos centelleantes: está todo. El punto cúlmine llega cerca de los 7 minutos, cuando lanzan un grito de “Baby’s gone!” que algún malpensado asociará a alguna de aquellas bandas horribles de hair-metal de los 80’s, antes de incurrir en un break que te vuela la peluca. Tremendo.

16. “Stay Loose” – Belle and Sebastian
Álbum: Dear Catastrophe Waitress (2003)

A mi entender, la mejor canción de los escoceses Belle and Sebastian es, curiosamente, la que menos suena a “ellos”. Con esto no estoy implicando que desprecio el catálogo del grupo (al contrario), sino para que vean hasta qué punto me maravilla “Stay Loose”. Para colmo, para descubrirla hace falta ir hasta el final de una de las mejores obras de la banda, Dear Catastrophe Waitress, que está plagada de grandes tonadas (“Step Into My Office, Baby” y “I’m a Cukoo”, por señalar dos ejemplos claros). De todas formas, está allí, esperando silenciosamente a que la descubran. Es sin duda el tema más ecléctico de los B&S: pasa del coqueteo new-wave a la “Ashes to Ashes” de Bowie al estribillo rockero de aire sesentoso sin escalas, antes de entrar en un solo de guitarra desprejuiciado y un momento reflexivo más cercano a la languidez de Nick Drake. Melódicamente es impecable, como es de esperar en la banda (las estrofas son particularmente pegadizas), pero es esa impredecibilidad antes mencionada la que la hace tan intrigante y que los casi siete minutos de duración no se sientan para nada.

15. “Last Nite” – The Strokes
Álbum: Is This It (2001)

Ni me dan ganas de comentar esta canción. Quizás es porque es una entrada demasiado obvia, demasiado predecible. Pero voy a intentar hacer un esfuerzo. Hay que decir que esta canción fue el detonante de toda una nueva moda rockera que miraba para atrás, de guitarras crudas, sonido lo-fi y actitud juvenil desfachatada y cool. Pero es el balbuceo desganado de Julian Casablancas (con un efecto que siempre me gustó llamar “de portero eléctrico”) lo más emocionante de la canción, que junto a las insistentes guitarras y un ritmo que le debe al mejor Iggy Pop conforman el que es, después de todo, uno de los hits definitivos de estos últimos dos lustros.

14. “The National Anthem” – Radiohead
Álbum: Kid A (2000)

Usemos nuestra imaginación. ¿Qué características tendría el país que utilice “The National Anthem” como, justamente, su himno nacional? Yo me imagino a una nación cuyos habitantes son psicópatas que deambulan por las calles babeando y estrellándose las cabezas con martillos mientras gritan sinsentidos con voces guturales. ¿Y qué hay de sus gobernantes? Para mí, serían chiflados paranoicos que pasan sus días tirándose heces entre ellos a la vez que trazan un plan para dominar el universo. Y me los figuro a todos ellos juntos, pobladores y gobernantes, entonando las estrofas escasas y desoladoras escritas por Thom Yorke (que vendría a ser su Vicente López y Planes) con sus manos derechas en sus pechos arrancándose los corazones, al mismo tiempo que se estimulan con la base de bajo sencilla y pesadillesca y el conjunto de vientos completamente fuera de control.

13. “Feel Good Inc.” – Gorillaz
Álbum: Demon Days (2005)

No sería exagerado si sostengo que Gorillaz es una de las ideas más originales y frescas que aparecieron en la década. No tanto por la idea de banda animada (¿acaso no existían ya antes Alvin y las Ardillitas?), sino más bien como proyecto musical. Bajo el ala de Damon Albarn, hubo lugar para todo: hip-hop, ritmos africanos, electrónica, punk… todo enmarcado en un asombroso empaque pop de personajes de fantasía y ensalada sónica. “Feel Good Inc.” es uno de los mejores exponentes del proyecto creado por Albarn y el dibujante Jamie Hewlett. Línea de bajo tambaleante y zombiesca, hip-hop aterrador a cargo de De La Soul y un estribillo agridulce con el sello del cantante de Blur. Puntos extras por ser la primera muestra de Demon Days, el estupendo segundo disco de 2D, Murdoc, Noodle y Russel.

12. “Take Me Out” – Franz Ferdinand
Álbum: Franz Ferdinand (2004)

Si “Last Nite” hizo que el mundo se detuviera a escuchar a toda nueva bandita de rock que subiera al vagón del retro-garage rock (como los olvidados Jet), “Take Me Out” hizo lo mismo con los grupos de dance-rock que pulularon las ondas sonoras a partir de 2004. La canción comienza estando más cercano del garage, de todos modos. No es hasta que los instrumentos comienzan a ralentizarse cuando la cosa verdadera empieza. Es como una montaña rusa, dijo el mismo Alex Kapranos, cantante y guitarrista de Franz Ferdinand: los primeros segundos se asemejan a ese instante en el que el carrito de la montaña rusa se acerca a la cima de la primera gran pendiente pronunciada, antes del golpe final, que aquí aparece en forma de un ritmo irresistible para sacarle lustre a la pista de baile. Astutamente, los Ferdinand también le imprimieron a su mayor hit una letra tan tonta como fácilmente memorable (“I say ‘don’t you know’/ You say you don’t know/ I say ‘take me out’”) y uno de los punteos de guitarra más reconocibles de los últimos años.

11. “Sea Within a Sea” – The Horrors
Álbum: Primary Colours (2009)

Fragmento de una entrevista con Aaron P. Aluch, amigo de un amigo de un primo del cantante de The Horrors.

- Escuché que usted sabe la forma particular en la que The Horrors compusieron "Sea Within a Sea".
- Ah, esa es una historia interesante. Resulta que, al parecer, los chicos de la banda andaban vagando por el mercado de Portobello Road, ahí al oeste de Londres. Bueno, la cosa es que en una de las tiendas vieron una licuadora gigante a un precio bajísimo que les llamó la atención, y entre todos decidieron comprarlo.
- Perdón… ¿una licuadora gigante?
- Sí, así como usted escucha. Una licuadora gigante. El asunto es que al otro día, en un ensayo, el cantante, Faris Badwan, decidió llevar la licuadora. Y al parecer dijo (esto es lo que me contó el amigo de un primo de Faris): “Hagamos un experimento”. Entonces el flaco agarró un disco de NEU! que tenía en la mochila y lo metió dentro del artefacto. Después de hacer esto, instigó a los otros miembros a poner discos de otros de sus artistas favoritos. Entonces uno puso el primero de Joy Division, otro un grandes éxitos de Jesus & Mary Chain y un último, Third de Portishead, que estaba recién compradito y medio que le dio lástima al pibe licuarlo. Bueno, en fin. Lo importante es que enchufaron la licuadora, le pusieron la tapa y mezclaron por 8 minutos. Así se creó “Sea Within a Sea”. Mi amigo, el amigo del primo del cantante de The Horrors, pudo probar el brebaje final.
- ¿Y le dijo qué gusto tenía?
- Me dijo que no tenía idea, que era un sabor completamente nuevo. Y que le encantó.

sábado 17 de octubre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (30-21)

30. “Too Drunk to Dream” – The Magnetic Fields
Álbum: Distortion (2008)

El alcohol siempre ha sido un buen refugio para el cantante que desea olvidar un amor perdido. Miles de intérpretes han sabido entonar versos amargos originados a partir de largas noches de lágrimas y litros y litros de licor. “Too Drunk to Dream” vendría a ser una de esas canciones, si no fuera por la acidez imperante de Stephin Merritt, la mente maestra detrás de Magnetic Fields y uno de los mejores compositores de música pop de la actualidad. En la introducción del tema, una especie de canto gregoriano detalla las ventajas de estar ebrio de una manera hilarante (“Sobrio, la vida es una prisión/ Ebrio, es una bendición/ (…)/Ebrio, sos viejo y feo/ Sobrio, ¿quién necesita un espejo?”). El resto sigue con el motivo del disco en el que se encuentra: instrumentos distorsionados artesanalmente que acoplan y chillan (no sólo las guitarras: también el contrabajo y el piano) y una melodía que podría haber compuesto el mismísimo Brian Wilson. Si fuese un neoyorkino gruñón y sarcástico de monótona voz grave, claro.

29. “Hysteria” – Muse
Álbum: Absolution (2003)

¿Se acuerdan cuando dije que “Whatever Happened to My Rock ‘n’ Roll” de Black Rebel Motorcycle Club comenzaba con una de las líneas de bajo distorsionado más pulenta de la década? Bueno, la que da inicio a “Hysteria” es LA base bajo distorsionado más pulenta de la década: en apenas unos avasalladores segundos, hace que los parlantes empiecen a entrar en combustión. Ni hablar cuando se le suman la guitarra, la batería y la virtuosa voz de Matthew Bellamy, que, como si fuese un Thom Yorke en esteroides, lanza falsetes con una facilidad impresionante. Es el mundo de Muse: melodía dramática pero pegadiza, estribillo desaforado para que las masas llenen canchas de fútbol (“Give me your heart and your souuuul”) y un sonido descomunal y excesivo.

28. “Soul on Fire” – Spiritualized
Álbum: Songs in A&E (2008)

Las experiencias cercanas a la muerte suelen inspirar a los que las sufren. Por poner un ejemplo, Víctor Sueiro hizo mucha guita a partir de su supuesta experiencia en el casi-más allá (hasta que a la final lo pudo comprobar fehacientemente, y sin cobrar un sólo centavo más, dejándose de jorobar con sus sandeces publicadas por editoriales con afanes de lucro fácil*). Jason Pierce, líder de Spiritualized, tuvo una experiencia de esta índole: en 2005, una doble neumonía casi lo deja en off-side, pero pudo recuperarse y sacar Songs in A&E, un disco de canciones bellísimas, entre las que se destaca la conmovedora “Soul on Fire”. Si bien en el disco que salió el año pasado hay canciones que se meten con el temita este de la parca, “Soul on Fire” es, en todos los aspectos, una canción de amor. Pero de un amor que parece débil y que Pierce intenta fortalecer pidiéndole a su amada que, justamente, “prenda su alma en llamas”. El estribillo es para hacerle una estatua a Pierce: es tan jodidamente emotivo con esos coros gospel y violines que me pone al borde de la lágrima… uy, ahora lo estoy escuchando y se me hace un nudo como por acá. Maldito seas, Jason, maldito seas.

* No son palabras mías, lo dice la página de Wikipedia de Sueiro

27. “Squares” – The Beta Band
Álbum: Hot Shots II (2002)

“Squares” inicia sigilosa, tenue. Una voz comienza a entonar una melodía: “I’ve seen the demons but they didn’t make a sound/ They tried to reach me but I lay upon the ground”. Un beat electrónico entra, amaga con seguir y para. Aparece un ruidito (también electrónico) sin ritmo y después de 38 segundos de histeriqueo musical (que comienzo, que no comienzo), finalmente el tema detona y muestra sus verdaderas intenciones. Un notable ejercicio de trip-hop refulgente y etéreo con toques de psicodelia de estribillo poco tranquilizante: “I saw miles and miles of squares, where’s the feeling there”. De los mismos creadores de la momumental “Dry the Rain”, aquella canción que cautiva a los clientes de la disquería del personaje de John Cusack en Alta Fidelidad.

26. “Hoppípola” – Sigur Rós
Álbum: Takk… (2005)

Qué visionarios son los islandeses (porque Islandia no vive sólo de Björk) Sigur Rós. En un primer momento, “Hoppípola” (en islandés, algo así como “saltando sobre charcos”) era apodado entre los miembros de la banda como “The Money Song”. Porque claro, los tipos sabían que estaban ante una mina de oro. Y no estaban equivocados: desde su salida, “Hoppípola” ha sido utilizado en numerosas publicidades y trailer de películas. ¿Eso significa que la canción cae en un terreno populachero y de fácil consumo? No necesariamente. Pero cuando suenan esas primeras notas de piano, hay que ser bastante insensible como para no sentirse sacudido. Según lo que leo en varios sitios, el tema habla de cierta nostalgia de la niñez, de los juegos sencillos, de la anarquía infantil. La instrumentación imponente y la voz en falsete de (aguanten que copio y pego) Jónsi Birgisson transmiten justamente eso: el momento en que uno trae a la memoria un recuerdo lejano que se degusta agridulcemente.

25. “The Underdog” – Spoon
Álbum: Ga Ga Ga Ga Ga (2007)

El término inglés “underdog” se refiere a ese participante en una competencia que no se espera que gane, como, por ejemplo, la selección de fútbol de San Marino cuando juega ante cualquier otra selección del mundo (con la posible excepción de Samoa Americana). De todas formas, en algunos casos, el “underdog” logra sorprender, triunfando ante ese otro que era considerado superior: pasó con la flota británica frente a la Armada española, con Grecia campeón de la Eurocopa. Y pasó con Spoon, también. Una banda independiente modesta que comenzó de abajo y logró conquistar, con una seguidilla de discos estupendos (Girls Can Tell, Gimme Fiction, Ga Ga Ga Ga Ga) no a un adversario, sino los corazones de un público particular y de la temida crítica “especializada”. Al final, es como dicen ellos mismos en el estribillo de la canción que les presento, entre simpáticos vientos y palmas: “No le tenés miedo al underdog/ Es por eso que no sobrevivirás”. Canción del Ranking que Me Saca Una Sonrisa #23.

24. “L.S.F. (Lost Souls Forever)” – Kasabian
Álbum: Kasabian (2004)

En esta década no se perdió el tiempo a la hora de emular, tomar prestado, inspirarse, homenajear o como ustedes le quieran llamar. En algún momento de 2004, apareció Kasabian, que parecían empeñados en crear música que le rinda honores a los Primal Scream de Screamadelica, aquellos de baterías house sumergidas en litros de LSD que hacían estragos a principios de los 90’s. Los Kasabian le agregaron un toque de soberbia marca Gallagher, lo mezclaron con un poco de Happy Mondays y ¡puf! salieron canciones como la muy canchera y cachonda “L.S.F.”. Y qué bien que salió su experimento. Tecladito sugerente, voces que arengan y estribillo efectivo al 100%. Fiesta asegurada con una pizca de malicia.

23. “Fluorescent Adolescent” – Arctic Monkeys
Álbum: Favourite Worst Nightmare (2007)

Aunque los Arctic Monkeys, a mi entender, no han logrado llegar a su punto máximo, Alex Turner sin dudas se afianzó como uno de los mejores letristas de la década. La de “Fluorscent Adolescent” es una observación aguda, la de una señora grande cuyos encantos están empezando a sufrir el paso de los años: “Solías conseguirlo con tus medias de red/ Ahora sólo lo haces con tu vestido de noche/ Descartaste todas tus noches traviesas con bondad/ Aterrizaste en una crisis muy común”. El fraseo de Turner, verborrágico, difícil de seguir, es excepcional también. Pero poco serviría si no estuvieran los numerosos ganchos, desde la intro con la precisa interacción de guitarras hasta el estribillo extremadamente coreable, pasando por el puente (“Where did you gooooo?”) y terminando con la coda a dos voces. Redondita como pocas, es la canción que demuestra que los monos árticos, cuando quieren, son capaces de cosas grandiosas.

22. “Paris Is Burning” – St. Vincent
Álbum: Marry Me (2007)

St. Vincent es el nombre artístico de una flaca llamada Annie Clark, que se hizo su lugar en el mundo del rock independiente como miembro de Polyphonic Spree (puesto #91) y de la banda de Sufjan Stevens (puesto #94… ¡todo tiene que ver con todo!). En 2007 sacó su primer disco como solista, Marry Me y dejó al mundo boquiabierto, con canciones que exhibían tanto instrumentaciones gentiles como ruidosos intervalos, casi siempre estructuradas de una manera intrincada. No hay mejor ejemplo para ilustrar la capacidad de Clark como compositora que “Paris Is Burning”. Unos vientos anuncian el inicio de una forma sepulcral, continuado por un rasgueo milimétrico y la voz frágil aunque carismática de Annie (nunca me gustó tanto la pronunciación de la palabra “refrigerator” hasta que escuché este tema). Es todo un derroche de creatividad, tanto el puente en el que la batería se hace notar hasta las voces que dialogan en el estribillo. La canción termina con un 3/4 demente, un festivo funeral: el “vals oscuro” que se anuncia en la letra. Y todo sucede mientras Paris es devorada por las llamas.

21. “The Blues Are Still Blue” – Belle and Sebastian
Álbum: The Life Pursuit (2006)

Estribillos, estribillos, estribillos. Ah… ¿qué sería de la música pop sin ellos? ¿Qué sería de nosotros, los pobres oyentes, sin los benevolentes y queridos estribillos? ¿Qué sería del mundo sin esos versos que se repiten, como un fulminante leit-motiv, a lo largo de una canción? ¿Qué sería de los músicos pop sin ellos, cómo harían para que la gente recuerde sus temas y/o los cante al unísono en los conciertos? Sería todo muy triste sin ellos. Celebremos a la irritantemente pegadiza “The Blues Are Still Blue”, entonces. A las pruebas me remito: “I left my lady in the launderette/ You can put some money on it, you can place a little bet/ That when I see my lady/ The black will be white and the white will be black/ But the blues are still blue”. Si son de los que creen que el éxito de las buenas canciones pop reside en más que en un estribillo, a no desesperar: van a encontrar también un ritmo glam-rock a la “Bang a Gong” de T-Rex, coros infecciosos y un correctísimo uso de un malogrado pero efectivo instrumento: el cencerro.


sábado 10 de octubre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (40-31)

40. “This Is Not a Test” – She & Him
Álbum: Volume One (2008)

Pedro ha tenido una semana terrible. Lo acaban de despedir de su trabajo, por cuestiones relacionadas a un “recorte de presupuesto”. Además, su novia lo acaba de dejar por razones que él aún no termina de entender. Y como si esto fuera poco, su madre le acaba de avisar que su tío Gerónimo, aquel tío copado que lo llevaba a jugar al fútbol cuando era niño después de que su padre dejó a la familia, acaba de fallecer. Hoy Pedro lo único que quiere hacer es encontrar un puente bien alto y saltar al abismo. Pero ahora se dirige a su disquería favorita, para ver si encuentra algún disco de The Cure para bajonearse con estilo. Entra al local y empieza a sonar por los parlantes una canción que lo seduce. Dos o tres guitarras acústicas y una voz femenina llena de personalidad lo hechizan. Cuando llega el estribillo está encantado, lo enganchó totalmente ese insistente “no, this is not a test” y el simpático solo de “trompeta de boca”. No le importa que suene como “My Sweet Lord” de George Harrison: está tan maravillado que decide ir al mostrador para preguntarle a algún empleado el nombre de ese tema que está escuchando. Se dirige a la caja y lo atiende una morocha hermosa, de cabello ondulado y ojos marrones. “Es She & Him”, dice ella, “la banda de la actriz Zooey Deschanel (la que hace de la hermana del protagonista de Casi Famosos) y un flaco llamado M. Ward; y el tema se llama “This Is Not a Test”. Pedro agradece la aclaración y decide extender la charla con la bella empleada. Después de una extensa e interesante conversación, Pedro y la muchacha intercambian teléfonos y quedan en organizar una salida alguna noche. Después de haber comprado Volume One (el disco que incluye “This Is Not a Test”), Pedro se dirige a su casa, con la certeza de que la vida ha empezado a sonreírle de nuevo.

39. “Pendulum” – Broadcast
Álbum: HaHa Sound (2003)

“Pendulum”, de los británicos Broadcast, se mantiene a partir de un mantra insoslayable de misterio: “Capturada bajo hipnosis/ Imágenes cada vez más rápidas/ ¿Puede obtenerse un significado/O resolver este misterio?”. Incógnitas difíciles de precisar en forma de melodía marciana las que canta suavemente la vocalista Trish Keenan mientras a su alrededor todo es un magnífico caos, desde la batería lisérgica hasta los sintetizadores retro que meten miedo entre bases punzantes y ruido blanco que harían a los United States of America (la banda de finales de los 60’s, no el imperio) sentirse orgullosos. Esa es la clave del éxito de la canción (y, si se quiere, del disco HaHa Sound, el segundo del grupo): saber mantener en vilo al oyente ofreciéndole una agradable voz femenina acompañada de instrumentos electrónicos por momentos abrasivos.

38. “Wolf Like Me” – TV On the Radio
Álbum: Return to Cookie Mountain (2006)

“Wolf Like Me” vendría a ser el hit de TV On the Radio: una canción cool con un estribillo extremadamente ganchero que se queda a hibernar en tu cabeza por días. Pero los neoyorkinos también en esta canción exhiben su especial modo de hacer música, plagada de originalidad, no dudando a la hora de tomar riesgos y experimentar o de explotar recursos sonoros, no conformándose con caminar el camino más corto. 5 excitantes minutos de voces que se cruzan, guitarras que suenan como canales de televisión sin señal, cambios de ritmos y un clima sumamente impredecible. “My mind has changed/ My body’s frame but God I like it/ My heart’s a flame/ My body’s strained but God I like it”.

37. “Here to Fall” – Yo La Tengo
Álbum: Popular Songs (2009)

Dos décadas de pura música les basta a los Yo La Tengo como para definirse como los padrinos de toda bandita independiente nacida en los Estados Unidos. Aun así, continúan apareciendo como una fuerza musical inagotable, sacando discos que sorprenden hasta al más cauto. Escuchen cómo comienzan su buen último álbum, Popular Songs. “Here to Fall” no se parece a nada que haya grabado la banda antes. Cuerdas que intimidan, un ritmo movedizo con los platillos al frente y guitarras que calientan el ambiente. La letra parece romántica, aunque un halo de oscuridad retorcido se hace presente cuando el estribillo clama “Sé que estás preocupada/ Yo también estoy preocupado/ Pero si estás lista, estoy aquí para caer con vos”. El equivalente musical del afrontar la caída al precipicio tomado de la mano de tu pareja.

36. “Am I Wry? No” – Mew
Álbum: Frengers (2003) [1ª version aparece en Half the World Is Watching Me (2000)]

Los Mew se autorefieren en broma como “rock artístico pretencioso” o “la única banda de estadios independiente”. Crucemos las dos definiciones y tenemos la mejor forma de caracterizar a “Am I Wry? No”. ¿Rock artístico? Ahí tienen esos cambios bruscos de tiempo, las guitarras potentes, la voz expresiva y aguda de Jonas Bjerre, los toques sutiles de piano. ¿Banda de estadios? No estoy tan seguro de esto, pero el coro de “Diamond ring, diamond ring/ But you can't find it/ Cold is the night” en los últimos tramos del tema no deben sonar mal en la voz de miles de espectadores. Nos queda lo de “pretencioso”. Aquí no creo poder emitir opinión. Como diría cierta modelo barra filósofa, se lo dejo a su criterio.

35. “Politik” – Coldplay
Álbum: A Rush of Blood to the Head (2002)

Coldplay. El escuchar o leer el nombre de la banda de Chris Martin ya me provoca un bostezo. Coooooold… plaaaaaaaay. Ñam, ñam. Perdón. Pero hubo un tiempo en que Coldplay no era una banda aburrida con demasiadas ganas de ser los próximos U2. No, señor. En un primer momento aspiraban a ser Radiohead y les salía bastante bien: bajo esa intención firmaron A Rush of Blood to the Head, su mejor disco hasta la fecha, que comienza con la canción que ocupa el puesto 35: “Politik”. Pura tensión sostenida por la batería vehemente, los acordes de piano que te quitan el aliento y un estribillo en el que Chris Martin nos arenga a abrir bien los ojos. Los momentos finales son para prender el encendedor (o el celular, si son más modernos) y dejarse llevar. ¿Será mucho pedir que hagan más cosas como estas, muchachos?

34. “16 Military Wives” – The Decemberists
Álbum: Picaresque (2005)

The Decemberists suenan la mayoría del tiempo como sos nerds de biblioteca que se leyeron hasta las instrucciones del shampoo y andan por la vida agobiando a sus amigotes con historias de estirpe medieval. De vez en cuando, sin embargo, brota un costado más irónico y combativo y cuando eso pasa, todos prestan sus oídos. “16 Military Wives” es una furiosa (y curiosa) crítica a la guerra de Irak, no tanto al gobierno, sino más bien a las celebridades “levemente liberales” que muestran su preocupación de una manera superficial y a los medios de comunicación, inmersos en la desinformación y ejerciendo su infalible papel de “hacerse los boludos” (ejemplificado con el pegadizo cantito de “lai di da di da”). Una de las canciones más puramente pop de los Decemberists, que cuenta con un conjunto de vientos que es de lo más querible.

33. “Out of Time” – Blur
Álbum: Think Tank (2003)

“¿Dónde está la canción que nos liberará?” comienza Damon Albarn a cantar. El tipo se puso contemplativo y selló una de las canciones más sutiles de su carrera. Paradójicamente, se encuentra en Think Tank, uno de los trabajos más irregualres que hayan contado con su participación. Pero poco de eso importa ahora. Todo en “Out of Time” funciona, tanto la batería minimalista como la orquesta de músicos marroquíes y los sencillos punteos de la guitarra acústica. El estribillo es uno de los momentos claves del Albarn versión siglo XXI: “Estuviste tan ocupado últimamente/ Que no pudiste encontrar el tiempo/ Para abrir tu mente/ Y ver el mundo girando sutilmente fuera de tiempo”.

32. “The Angry Mob” – Kaiser Chiefs
Álbum: Yours Truly, Angry Mob (2007)

Primero, una duda: ¿a alguien más le parece que el riff con el que comienza “The Angry Mob” es un choreo al de “Cocaine” de J. J. Cale –posteriormente popularizada por Clapton-? No me sorprendería de los Chiefs: desde el primer minuto, hicieron de la emulación de históricas bandas de pop británico (XTC, por sobre todas) su credencial. Lo cual no está tan mal, mientras sigan haciendo temas tan buenos como “The Angry Mob”. Digo, festejo la originalidad, pero también el tomar elementos ya usados y crear algo bueno es digno de admiración. Tampoco es tan fácil como uno cree: hay que estar realmente inspirado para que se te ocurra, en este caso, ese cántico desaforado que parece haber sido escrito a propósito para ser coreada en estadios multitudinarios. Sí, ya saben a qué me refiero: “We are the Angry Mob/ We read the papers every day/We like who we like, we hate who we hate/But we're also easily swayed”. Para agitar el brazo derecho al major estilo cancha.

31. “Many Shades of Black” – The Raconteurs
Álbum: Consolers of the Lonely (2008)

Cuando se habla de Raconteurs se habla de “la banda paralela de Jack White”, lo cual es una verdadera injusticia, porque hay otra mente activa en la banda, el compositor Brendan Breson. Mientras uno se retuerce en fantasías zeppelianas, el otro construye pequeñas aunque inolvidables joyas pop. “Many Shades of Black” es una de ellas, aunque se siente como un verdadero trabajo en equipo. El tema, absolutamente pegadizo, tiene una melodía ideal para enganchar minitas en un bar del Microcentro porteño. Los vientos le otorgan cierta potencia a la canción, al igual que el enfermizo solo de guitarra. Pero es la emotiva voz de Brenson la que se merece los aplausos, las medallas y las velas perfumadas. Me voy cantando de nuevo: “Take it as it comes/ And be thankful when it's done/ There's so many ways to act/ And there's many shades of black”.



sábado 3 de octubre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (50-41)

50. “Chicken Payback” – The Bees
Álbum: Free the Bees (2004)

Cuando empecé a listar las canciones con posibilidades de ingresar al presente ranking, una de las primeras que se me ocurrió fue “Chicken Payback” de The Bees (o A Band of Bees). El mayor problema que tuve con la canción, sin embargo, fue a la hora de decidir dónde ubicarla. Fácilmente podría haberla incluido entre las primeras diez, aunque, a decir verdad, me daba un poco de vergüenza posicionarla entre las filas del Top Ten. Después se me ocurrió colocarla al principio del ranking, bien lejos de la gloria (?) de los diez primeros. Pero tampoco me convenció. En fin, decidí instalarla aquí en la mitad del ranking. Y es que tengo sentimientos encontrados con respecto a esta canción: es tremendamente boba y hasta algo kitsch, pero es, al mismo tiempo, irrisoriamente entretenida y pegadiza. “Chicken Payback” es un hit radial perdido de comienzos de los 60’s, en el que se nos instiga a hacer no sólo el “chicken payback” del título, sino otros insólitos pasos de baile relacionados con el mundo animal (no quiero ni imaginarme cómo se ejecuta el “camel payback”). Los vientos que dan inicio al tema son hilarantes, al igual que la orquesta zoológica que aparece a la mitad. Para subir el volumen, bailar y tomarse la vida menos en serio.

49. “I Turn My Camera On” – Spoon
Álbum: Gimme Fiction (2005)

“I Turn My Camera On” es lo más cerca que los texanos Spoon estuvieron de hacer un tema disco. Así de sencillo. Por lo pronto, lograron hacerlo de una manera particular, cachonda y siniestra en igual medida. El bajo, gomoso y simple, se desliza de puntas de pie con tres notas feroces y sensuales mientras el cantante Britt Daniel se manda un falsete irresistible a la vez que entona versos de voyeurismo y sentimientos que afloran: “Prendo mi cámara/ Me corto los dedos al pasar (…)/Apago mis sentimientos/Me hiciste intocable de por vida/Y no fuiste cortés”. Las guitarras agregan un poco más de sex-appeal al tema, cortando la intensa atmósfera con afilados rasguidos. Y perdonen si sueno demasiado categórico, pero… el que no mueve el piecito al compás de este tema, no tiene sentido del ritmo.

48. “The Empty Page” – Sonic Youth
Álbum: Murray Street (2002)

El caso de “The Empty Page” es particular. Antes de esbozar el borrador de este ranking, había escuchado esta canción sólo un par de veces, gracias al video musical. Sin embargo, siempre lograba recordar la melodía y la primera línea de la canción: “These are the words but not the truth”. Pocas canciones lograron pegarse a mi cerebro tan rápidamente y de una manera tan efectiva. Cuando más tarde comencé a investigar más a fondo a Sonic Youth, resulta que “The Empty Page” no es una rareza en el catálogo cancionero de los neoyorkinos, aunque un excelente ejemplar del lado más melódico y tranquilo de la banda. Las guitarras zigzaguean con sus afinaciones poco convencionales, y en algún momento se ponen ruidosas y climáticas, pero aquí lo fundamental es el fraseo de Thurston Moore, entre la ensoñación y la resaca.

47. “Three Women” – Stereolab
Álbum: Chemical Chords (2008)

Mucha agua ha corrido en el siempre cambiante río de Stereolab. Desde sus comienzos como emuladores de NEU! y Velvet Underground y pasando por su costado más lounge, el grupo liderado por la francesa Laetita Sadier siempre ha sabido mantenerse fresco por casi 20 años, sin perder su toque pop y experimental particular. En Chemical Chords, álbum que incluye a “Three Women”, su sonido se volvió mas motown y radiante, si se le puede decir así. En "Three Women", Sadier, con su estilo de intelectualismo de café, recita algunas líneas existencialistas en francés con su característico canto de sirena sedada mientras todo alrededor se convierte en un magnífico espectáculo de luces y colores. Xilófonos, una base de bajo espontánea, pandereta y esos vientos en el ¿estribillo? que llevan a la canción a la cúspide de la dulzura. Da para crear un nuevo género: ¿“Soul francés existencialista”, tal vez?

46. “Bodysnatchers” – Radiohead
Álbum: In Rainbows (2007)

Todo bien con que los Radiohead experimenten y se hagan los loquitos con sintetizadores del año del pedo y baterías electrónicas y toda la bola, pero siempre (anoten: siempre) me va a gustar más el Radiohead guitarrero. Además… ¿no cuentan entre sus filas con Jonny Greenwood, el violero más metódicamente desquiciado del rock de la actualidad, una especie de científico loco que vomita punteos esquizofrénicos con enorme facilidad? “Bodysnatchers”, entonces. Tres guitarras. El canto desaforado de Thom Yorke. Batería metronómica. Y un canturreo acerca de ladrones de cuerpos en el siglo 21… ¿personas dominadas como marionetas por un poder autoritario? Probablemente. Por lo pronto, Yorke avisa que no tiene la más puta idea de lo que está hablando.

45. “Brave the Storm” – Graham Coxon
Álbum: The Spinning Top (2009)

Hace unos años, el guitarrista de Blur, Graham Coxon, se subió al vagón del pop-punk e hizo una canción ridícula, estúpida y, se presume, también irónica, llamada “Life, It Sucks”, en la que cantaba eufóricamente “La vida apesta tanto, es la manera más lenta de morir”. 5 años después, el cuatro-ojos peló su guitarra acústica luego de escuchar mucho, mucho folk y ahora está todo sensible y le canta a su enamorada en “Brave the Storm”: “¿Ven las estrellas en el cielo, nena? Nos pertenecen”. ¿Bipolar? Se podría decir. No importa, a final de cuentas. “Brave the Storm” es una pieza folky terriblemente adorable en la que Coxon le imprime a la acústica una calidad melódica impresionante. Aunque su voz no sea la más prodigiosa, en esta composición aparece aniñada e inocente y va perfecto con el aire del tema, sobre todo acompañado de los coritos femeninos (“bom”). Cuando entra la batería junto a la armónica es todo un deleite: imagínense una tarde lluviosa en el campo, mientras se está tirado en el pasto. A eso suena esta canción.

44. “Televators” – The Mars Volta
Álbum: De-Loused in the Comatorium (2003)

The Mars Volta es una banda que siempre está en el límite entre lo fascinante y lo sencillamente irritante. Me ocurre muy seguido cuando escucho su debut De-Loused in the Comatorium: no sé si abrir mi boca como muestra de asombro o presionar stop de una vez por todas. Y es que su sonido, pretensioso y epiléptico, no es (al menos para mí) apto para cualquier día: tengo que estar en un humor especial para escucharlos. Sin embargo, hay una canción de su disco debut que puedo escuchar cualquiera sea mi ánimo, y se llama “Televators”. La canción es un oasis de tranquilidad entre tanto onanismo guitarrero, hiperactividad percutiva y griterío infernal; un espejismo acústico con un toque de rock progresivo e imágenes perturbadoras y surrealistas (“Tres córneas a medio comer que impactan la aureola”). Una canción oscura, en apariencia impenetrable pero a la vez accesible, y con un estribillo escalofriantemente reconfortante.

43. “No Cars Go” – Arcade Fire
Álbum: Neon Bible (2007) [1ª version aparece en Arcade Fire EP (2003)]

WOOOOOOOOOOOOOOOO-OH-OH-OOOOOOOOOOOOOOOOOOOH
WOOOOOOOOOOOOOOOOOH-OH-OOOOOOH
WOOOOOOOOOOOOOOOOOH-OH-OH-OOOOOOOOOOOOOOOOOOH

Sí, no tengo la menor idea sobre qué decir sobre esta canción. Pop orquestal, muchas voces, muchos instrumentos, el matrimonio Butler-Chassagne haciendo de las suyas… una joyita.

42. “In Our Gun” – Gomez
Álbum: In Our Gun (2002)

Aunque Gomez es una banda que se fue ablandando con los años (aunque no necesariamente para peor), cuentan con al menos dos discos que resultan por lo menos geniales: su debut, Bring It On (como la película de porristas con Kirsten Dunst… qué fatal coincidencia) e In Our Gun. Ambos tienen la particularidad de ser bastantes variados: hay blues, hay folk, hay jazz, hay pop, y en el caso de In Our Gun, hay estallidos electrónicos también. Voy a dejarlos con la canción que da nombre a su tercer disco para que se dejen llevar por la música de esta banda inglesa con nombre de apellido hispano. Las primeras 2/3 partes están marcadas por instrumentos acústicos (contrabajo incluído) y voces amigables entonando un estribillo tarareable, mientras que en la última parte todo se va al mismísimo carajo, sonando como si The Prodigy súbitamente asaltara el estudio y se ponga a improvisar como poseídos después de una dosis potente de heroína.

41. “All My Friends” – LCD Soundsystem

Álbum: Sound of Silver (2007)

Una nota de teclado. Eso es lo único que necesita James Murphy para someterte por 7 minutos a los encantos de “All My Friends”. Eso y una melodía atrapante. Escuchen cómo se va armando la canción, a la vez que se van sumando más y más instrumentos. Escuchen cómo se va rompiendo la monotonía, cómo se ingresa en un trance del que es difícil de escapar. Murphy es un fan del post-punk, y se nota: Joy Division podría haber escrito este tema, si sólo hubieran salido 25 años después. Algo es seguro: la música electrónica de esta década pocas veces llegó a ser tan emocionante como aquí. “Si pudiera ver a todos mis amigos esta noche”…


sábado 26 de septiembre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (60-51)

60. “Fake Empire” – The National
Álbum: Boxer (2007)

Si tengo que elegir una sola cosa que me fascina acerca de “Fake Empire”, es la polimetría del piano. ¿A qué me refiero? A que, mientras las teclas agudas van por la vida lo más tranquilas en 4/4, las partes graves van en 3/4, desencajando totalmente al oyente. Pero hay más: la voz barítono del cantante Matt Berninger es lo suficientemente cálida como para considerarse como una buena compañía, y cuando entran la batería y las guitarras, sentimos que estamos planeando en un cielo nocturno, a medio despertar en un imperio falso. Cuando ya nos estamos acostumbrando al aire post-punk que inunda la atmósfera, la banda nos lanza a la merced de un clímax que constituye un verdadero subidón de ánimo, con unos instrumentos de viento que parecen salir de la nada y que nos toman de improviso.

59. “Strong Black Vine” – Tori Amos
Álbum: Abnormally Attracted to Sin (2009)

Me considero un recién llegado al obsesivo, sensual y extraño mundo de Tori Amos, y eso es porque, en mi estúpida burbuja prejuiciosa, consideraba que la música de la colorada era asunto de gays y mujeres conflictivas. Claro, después de escuchar discos tan buenos como Little Earthquakes o From the Choirgirl Hotel, el prejuicio inicial se disipó rápidamente. Como me inicié con la música de Amos este año, sentía que debía prestarle atención a su último álbum, Abnormally Attracted to Sin. El disco, asombrosamente, guarda algunas gemas que son para tener en cuenta. Pero ninguna es tan buena como “Strong Black Vine”. En Allmusic aparece como influencia de la cantautora yanqui Robert Plant, y esta canción es una clara muestra. Los arreglos de cuerdas, amenazantes, intrépidos, hacen recordar a “Kashmir” de Led Zeppelin. En la letra, Tori explora uno de los temas que más la desvelan: su relación amor-odio con la religión. En una prodigiosa performance vocal, Amos alcanza notas altas con facilidad siempre manteniendo un rasgo de autoridad (en efecto, realmente creemos que nos va a liberar de esa “fe malvada”) y de sensualidad fresca: el fraseo de la palabra “submission” en el estribillo es particularmente excitante.

58. “A Little More for Little You” – The Hives
Álbum: Tyrannosaurus Hives (2004)

“A Little More for Little You” es, sencillamente, uno de los tantos hitazos del grupo sueco The Hives, fuerte contendiente al trofeo de “banda más divertida sobre el planeta Tierra”. Aquí, en unos tres minutos, le agregan a su característico sonido garagero un nervio soul. Mientras las estrofas siguen el paradigma de los Hives (esto es, un electrizante dúo de guitarras y Howlin’ Pelle haciendo honor a su apodo), el estribillo es puro éxtasis. La melodía altamente infecciosa y la ¿falsa? pedantería de la frase del título hacen de la canción una criatura sinceramente indomable. Hago nota al margen: cómo la rompieron el año pasado en Obras.

57. “Mass Romantic” – The New Pornographers
Álbum: Mass Romantic (2000)

En el arte de la creación de la perfecta canción pop, pocas bandas nacidas en el nuevo milenio han tenido tanto éxito como The New Pornographers. Para que se den una idea, me fue virtualmente imposible elegir un solo tema de su disco debut. Finalmente, opté por la canción que inicia y da nombre a aquel álbum. “Mass Romantic” es todo lo que le pueden pedir a una buena tonada power-pop y más. El tema es una verdadera batalla entre el disonante órgano y la fabulosa voz de Neko Case para acaparar la atención del oyente. Al final, es un merecido empate: el órgano, predominante y portentoso, lleva a la canción siempre para adelante. Al mismo tiempo, Case desprende una melodía imposiblemente buena mientras habla de un “mass romantic fool”, antes de elevarse en el estribillo, dejando atrás a sus amigos coristas. Después hay pasajes de coritos “duru durú” y una coda desaforada… “This boy’s life among the electrical liiiiiiiiights”.

56. “Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 1”” – The Flaming Lips
Álbum: Yoshimi Battles the Pink Robots (2002)

Un cuento infantiloide en formato electrónico-acústico-psicodélico es el que nos narra Wayne Coyne: la de una chica japonesa experta en karate totalmente dedicada a luchar contra una legión de robots rosas decididos a devorar y destruir a la raza humana. El estribillo, instantáneamente memorable, es sin duda lo que más se destaca de la canción: “Oh Yoshimi, they don’t believe me/ ‘Cause you won’t let those robots defeat me”. La expansiva producción es otro factor del éxito del tema, desde los acordes loopeados de la guitarra acústica (en un momento, suena como si el disco se tildara) pasando por graznidos incómodos de sintetizador, hasta varios efectos de sonido.

55. “All These Things That I’ve Done” – The Killers
Álbum: Hot Fuss (2004)

The Killers es, indudablemente, una de las bandas que más rápidamente alcanzaron su estrellato en esta década. Aunque su carrera ha sido un poco más que insulsa, han sabido crear algunos singles memorables. Quizás el que más canten las generaciones futuras es “All These Thing That I’ve Done”: rock de estadios hecho y derecho, 5 minutos épicos y luminosos. No puedo hablar de esta canción sin mencionar el que es, para mí, uno de los momentos claves del rock de los últimos años. Stop general, rasguido de guitarra y la aparición de una frase tan inentendible como indestructible: “I’ve got soul but I’m not a soldier”. Coros gospel acompañan al cantante Brandon Flowers y todo estalla en mil pedazos de una forma escalofriante. Mención al genial videoclip que acompaña a la canción, un efectivo homenaje al clásico de sexploitation Faster, Pussycat! Kill! Kill!

54. “Bananas and Blow” – Ween
Álbum: White Pepper (2000)

Ween es una banda que se rehúsa a ser tomada en serio. Se hicieron conocidos en el circuito independiente gracias a su envidiable capacidad para subvertir cualquier género musical que se le cruce, a veces cayendo en la mera parodia y haciendo uso de un hilarante y a veces demasiado estúpido sentido del humor (prueba: tienen temas titulados “Revoleando mi pija en el viento” y “Dejáme chuparte la concha”). Desafortunadamente para los falsos hermanos Gene y Dean, el talento para hacer canciones geniales es inescapable, y joda o no, han creado una respetable cantidad de grandes melodías. “Bananas and Blow”, por ejemplo, si bien nace como una parodia al hit “Margaritaville” de Jimmy Buffet, trasciende la simple broma para transformarse en una gran canción. Un ritmo engañosamente tropical, un teclado tipo marimba, un descojonante solo de guitarra flamenca y hasta un rallador son algunas de las cosas que hacen su aparición. La letra es un chascarrillo propio del dúo, en el que un hombre se atiborra de bananas y merca para no extrañar a su amada (que, curiosamente, no lo dejó, sino que se fue por unos días a visitar a su madre). Otro estribillo placentero en el ranking, esta vez gracias a unos coros femeninos ligeramente cursis.

53. “Miner at the Dial-a-View” – Grandaddy
Álbum: The Sophtware Slump (2000)

No es difícil ver por qué The Sophtware Slump, el segundo disco de Grandaddy, fue visto como la versión yanqui de OK Computer, el magnum opus de Radiohead: después de todo, ambos tienen un aire depresivo y temáticamente son muy similares. Tanto en uno como en otro, aparece como motivo principal la deshumanización del hombre a causa de un mundo repleto de tecnología alienante. La diferencia, sin embargo, es que los Grandaddy canalizaron esa tristeza moderna con canciones de un tono no tan experimental y más cercano al pop-rock radial. Lo que no es algo malo, al final de cuentas. Les presento a “Miner at the Dial-a-View”, entonces. Entre una guitarra que parece acompañar un cortejo fúnebre y el melancólico suspiro de Jason Lytle, se erige la historia de un minero desconsolado en la era del panóptico virtual: puede ver su casa, sus amigos y su familia a través del aparato (el “Dial-a-View” del título), pero no puede tocarlos, no puede hablarles. El único contacto humano que parece tener es la voz de la máquina, que le instruye cómo utilizar el artefacto y deseándole buena suerte de una manera casi cínica. El panorama es desolador, pero aparece un halo de esperanza cuando el estribillo proclama: “Volveré a casa algún día”. Ojalá que así sea.

52. “Necessary Evil” – The Dresden Dolls
Álbum: Yes, Virginia (2004)

“Necessary Evil” es una especie de semi-punk con sólo piano y batería, algo que en teoría suena inconcebible. Pero apretamos play y lo primero que escuchamos es a Amanda Palmer escupiendo una palabra por vez como si fuera ácido sulfúrico. Va a toda velocidad, es imparable. Escuchen la violencia con las que Palmer golpea las teclas o la bestialidad precisa del batero Brian Viglione y se van a convencer de inmediato. La letra, aunque en general se lea como un ajuste de cuentas a un ex-novio, guarda algunos sinsentidos: “¿Son hombres o Memorex?” ¿Eh? Ah, y Amanda querida, ¿por qué las estaciones de servicio al costado de la autopista son un mal? A mí me parecen bastante piolas. Hacia la mitad de la canción, el piano suena como la intro de “Clocks” de Coldplay a doble velocidad, complementándose fantásticamente con los frenéticos golpes de la bata. Incluye estribillo demoledor y una pronunciación muy johnnyrottenesca del producto Listerine.

51. “Zoom!” – Super Furry Animals
Álbum: Love Kraft (2005)

El sonido del chapuzón que inicia “Zoom!” es más que adecuado: en efecto, la canción se siente como si estuviéramos nadando en una piscina llena de ácido lisérgico. Orfebres del buen pop psicodélico, los Super Furry Animals se despachan con el que es probablemente su tema más bombástico. Como es costumbre en los galeses, la letra está salpicada de imaginería surrealista (dálmatas cuyas manchas desaparecen, besos apocalípticos, etc), pero esta vez se encuentra rodeada de instrumentos y voces que se acercan más al rock progresivo de los 70’s, siempre manteniendo el filo melódico propio de los Furries. Precaución: mantengan sus cinturones de seguridad abrochados a la hora del vertiginoso clímax, una inaudita explosión de colores que ofusca los sentidos.


sábado 19 de septiembre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (70-61)

70. “The Importance of Being Idle” – Oasis
Álbum: Don’t Believe the Truth (2005)

Hay muy pocas otras personas en el negocio de la música que pueden tomar prestado ideas de otros artistas de una manera tan obvia pero cosechando tan buenos resultados como Noel Gallagher, el (por el momento ex) compositor principal de Oasis y responsable de algunos de los himnos rock más memorables de los 90’s. Todos dicen que afanó mucho de los Beatles, pero también el muchacho le birló melodías a T-Rex y The Byrds. Una de las mayores inspiraciones del mancuniano es otra legendaria banda británica, los Kinks. “The Importance of Being Idle” vendría a ser su “Sunny Afternoon”: una oda con sabor sesentista a la vagancia y a la despreocupación, al “me tomo un Garombol y todo me chupa un huevo”. La letra logra transmitir eso mediante frases que son de lo mejorcito que escribió Gallagher en su carrera y que pondrían orgulloso al mismísimo Ray Davies: “No me importa/ Mientras tenga una cama bajo las estrellas que brillan estaré bien”. El organito retro y la intro marcial ensalzan aun más la extraña alegría vital surgida de la apatía que se desprende de la letra.

69. “Nature Boy” – Nick Cave and the Bad Seeds
Álbum: Abbatoir Blues/Lyre of Orpheus (2004)

Conocí a “Nature Boy” por medio de la película Ficción (algo así como una Perdidos en Tokio catalana), cuando la canción empezó a sonar en una de las últimas escenas. Como había alquilado la película en DVD, me dirigí al menú y fui directamente a una característica especial en la cual estaba todo el soundtrack disponible para escuchar (¡bien ahí!) para anotar el intérprete, puesto que el tema me había llamado la atención. Nick Cave… el tipo me sonaba porque había enganchado una vez en Film & Arts un documental sobre el tipo y me pareció interesante, sobre todo cuando estaba al frente de Birthday Party, que recuerdo que me parecieron una manga de loquitos de mierda. En fin… vamos al tema, ¿ok? Como en casi todas las canciones escritas por Cave, la letra ostenta mucha imaginería misteriosa y algunas rimas que uno no sabe si calificarlas de genialidad o tomada de pelo (caso: “Histeria” con “Wisteria”), pero aquí se encuentra dentro de la estructura de una preciosa canción pop-rock. El estribillo es sinceramente irresistible, con esos coros femeninos que son un regalo a los oídos. Permítanme otro símil: “Nature Boy” es el “Make Me Smile” de Nico Cueva.

68. “The Youth” – MGMT
Álbum: Oracular Spectacular (2008)

“Este es un llamado a las armas para vivir, amar y dormir juntos”. Un reclutamiento a la juventud cambiante es la que supone “The Youth”, del dúo con base en Brooklyn que se transformó el año pasado en una de las sorpresas más gratas. Con el fantasma de Ziggy Stardust merodeando constantemente, la canción se apoya en instrumentos electrónicos que nos llevan a un verdadero viaje psicodélico. A alguno le podrá parecer hartamente repetitiva la pronunciación de la palabra “together” en el estribillo, pero a mí pone en trance; me dan ganas de abrazar a la persona al lado mío y moverme de manera pendular. Rescato además, sobre todas las cosas, el genial uso de uno de los trucos más viejos de la historia de la música: el cambio de tonalidad para dar más énfasis a una parte, en este caso el estribillo.

67. “Lloyd, I’m Ready to Be Heartbroken” – Camera Obscura
Álbum: Let’s Get Out of This Country (2006)

En 1984, el compositor escocés Lloyd Cole, al frente de su banda The Commotions, lanzó la canción “Are You Ready to Be Heartbroken?”. 21 años después, sus compatriotas Camera Obscura dan a luz una canción que sirve como respuesta, mediante las palabras de la cantante Tracyanne Campbell en el estribillo: “Ey, Lloyd, estoy lista para que me rompan el corazón, porque no puedo ver más allá de mi propia nariz en este momento”. La canción hace honor a la mejor tradición pop de hace 40 años, con un órgano y una orquesta de cuerdas ideales para la ocasión y una melodía tan amigable que dan ganas de invitarla a tomar un té (?). La voz de Campbell es tan dulce como frágil; no sabemos con seguridad si mientras canta está sonriendo, dada la alegría contagiosa del ritmo, o llorando, de acuerdo a la letra de carácter sad bastard. Y, la verdad, está bueno no saberlo.

66. “Crystal” – New Order
Álbum: Get Ready (2001)

Cuando New Order regresó después de casi una década, casi nadie contaba con que los veteranos de la new wave caigan tan bien parados como lo hicieron. Aunque más guitarreros como de costumbre pero sin perder su identidad, Bernard Sumner y compañía se despacharon con Get Ready, un disco que desborda de canciones pegadizas. “Crystal” fue la carta de presentación de ese regreso: primer single y primer track del álbum, la canción es, sin demasiadas vueltas, decididamente infecciosa. Aunque la letra peca de simplista (aunque todo el disco sufre de líricas olvidables), la melodía es una cosa tremenda. La producción puede sonar demasiado limpita, como manufacturada para vender a los fans nostálgicos, pero no hace que la cuestión pierda fuerza. Mención especial para los coros (“JE-EH-EH”, “JU-UH-UH”) y los solos de bajo del enorme Peter Hook, que ya son marca registrada del conjunto.

65. “You Only Live Once” – The Strokes
Álbum: First Impressions of Earth (2006)

Al contrario de lo que sugiere el título, “You Only Live Once” no es una versión en inglés del hit “Sólo se vive una vez” del dúo español Azúcar Moreno, sino el tema que abre el paupérrimo tercer disco de Strokes, First Impressions of Earth (¡cuántas ganas que tenía de hacer este chiste boludo!). Aquí está todo lo que los que disfrutaron de los primeros dos discos de los Strokes aman de ellos: el diálogo entre guitarras, una batería sin demasiadas complicaciones y la rasposa voz de Julian Casablancas. Si hay que calificar de “pop” alguna canción del grupo neoyorkino, que sea esta. Funciona todo bien: desde los acordes de las violas hasta el fabuloso fraseo de Casablancas (más esos adictivos “oh-oh”). Por ahí suena un poquito más limpito que de costumbre, pero… ¿quién se puede negar a una buena canción pop?

64. “Combat Baby” – Metric
Álbum: Old World Underground, Where Are You Now? (2003)

Uy, déjenme el remate del puesto anterior que me viene fantástico para el número 64. Todo bien con la experimentación, pero creo firmemente que hay pocas cosas más poderosas en el mundo que 3 minutos y medio de una buena melodía dentro de una estructura convencional (estrofa-estribillo-estrofa-estribillo). Los canadienses Metric lo saben y han podido aprovechar la oportunidad de demostrarlo cada vez que pudieron. “Combat Baby” es una de sus mejores creaciones en el terreno del pop chicloso. La cantante Emily Haines canaliza a Debbie Harry y se desespera por volver a los brazos de su chico combativo, entre guitarrazos y seductores "du du du"'s. “Nadie me quiere pelear como vos”, clama Haines más tarde, antes de entrar en uno de esos estribillos que se te quedan incrustados en el marote por días.

63. “Eleanor Put Your Boots On” – Franz Ferdinand
Álbum: You Could Have It So Much Better (2005)

“Hacer música para que las chicas bailen”: ése era el leit-motiv de Franz Ferdinand según su líder Alex Kapranos. Aunque “Eleanor Put Your Boots On”, dedicada a la entonces novia de Kapranos (y, en parte, a New York), parece obedecer más a bien al rótulo “Música para que las chicas se enamoren”. Cuando la escuché por primera vez, no podía creer que los mismos fiesteros de “Take Me Out” se hayan mandado una balada tan, pero tan, delicada como esta. El piano beatleasco siempre logra ponerme al borde de la lágrima, aunque la canción esté en todo momento con el ánimo alto, y la frase “Podría estar allí cuando aterrices” es romantiquísima sin llegar a la melosidad. Por alguna razón que todavía no logro comprender, la canción salió como single en una versión más rápida y significativamente insulsa. Mal ahí, chicos.

62. “Guitar Hero” – Amanda Palmer
Álbum: Who Killed Amanda Palmer (2008)

Sé de un lector de este blog que va a querer tirarme dardos venenosos por no incluír a “Leeds United” en vez de “Guitar Hero”. Si bien confieso que la primera estuvo a un pelo de rana calva de entrar (después de todo, es una canción que me encanta), mi favorita del primer disco solista de Amanda Palmer, la frontwoman de Dresden Dolls, siempre fue, es y ¿será? “Guitar Hero”. Inspirada en una noticia que Palmer leyó sobre un soldado yanqui en Irak que dijo que durante la guerra se sentía como dentro de un gran videojuego, el tema se destaca gracias a los acordes que impactan como pisotones de gigante y una viola amenzante cortesía de East Bay Ray, guitarrista de la clásica banda punk Dead Kennedys. Como es costumbre en la música de Palmer, hay dramatismo de sobra, aunque esta vez en forma de un infeccioso beat de glam-rock. Les aseguro que después de dos escuchas ya van a estar cantando “And i could save you baby/ But it isn’t worth my time/ And i could make you chase me/ For a little price is right” (más los “uh-uh-uh” que vienen después, por supuesto).

61. “Distortions” – Clinic
Álbum: Internal Wrangler (2000)

“Me encanta cuando pestañeas”… ¿qué clase de declaración de amor es esa? ¿Y que hay de “Te imaginé en un ataúd”? Pero bueno, no se puede esperar otra cosa de una banda de bichos raros como Clinic. “Distortions” sorprende, principalmente, por su enfoque casi minimalista. Una batería electrónica y un sintetizador son lo único que utilizan para captar nuestra atención, además de la penetrante voz de Ade Blackburn. Se suma algún que otro instrumento también, como un saxo fuera de control cerca del final, pero es la simpleza la que marca a fuego la canción. Los primeros versos de la letra están tomados de “Candy Says”, una balada de Velvet Underground, y la verdad que tiene sentido: “Distortions”, después de todo, es cómo sonaría la banda de Lou Reed si sus integrantes fueran seres melancólicos de otro planeta.


sábado 12 de septiembre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (80-71)

80. “You Have Killed Me” – Morrissey
Álbum: Ringleader of the Tormentos (2006)

El viejo Moz hace su entrada al ranking con el que es quizás su single más efectivo y pegadizo como solista hasta la fecha. “You Have Killed Me” es una canción sencilla, un pop de guitarras dramáticas de tres minutos de duración, en el cual el ex líder de The Smiths le declara impetuosamente a su receptor que es un muerto en vida: “Mientras viva y respire, me has matado”, insiste en el contundente estribillo. Desfilan, además del característico canturreo melanco de Morrissey, varias referencias a Roma (Piazza Cavor), ciudad en donde Ringleader of the Tormentos (el álbum que incluye el tema) se grabó, como así también a leyendas del cine italiano, como Pier Passolini, Luchino Visconti y Anna Magnani.

79. “Lovesick” – Grand Duchy
Álbum: Petits Fours (2009)

Grand Duchy es un proyecto insólito desde cualquier lado que se lo mire. Un ex Pixie, Frank Black, se junta con su esposa, Violet Clark, y lanzan un disco ochentoso, con sintetizadores y baterías dance a la orden del día. Suena a un chiste que no tendría que haber salido de la habitación matrimonial, sobre todo considerando que Black, como confesó él mismo, se pasó la última mitad de los 80’s tratando de hundir esa década, con guitarras sucias y gritos como líder de los legendarios Pixies. En suma, uno termina pensando que Petits Fours, el primer disco de este singular proyecto, es un regalo de Black a su esposa, una declarada fanática del synth pop de los 80’s. Aunque, a decir verdad, no termina importando demasiado: las canciones son demasiado buenas como para ignorarlas rápidamente y “Lovesick” es un claro ejemplo de ello. Con un riff bien rollinga (¡hola, “Brown Sugar”!) y la cancherísima y sensual voz de Clark al frente (cómo me gustan esos “ajá” al principio), la canción es todo un hitazo new wave. Aparecen toques de los Pixies también, sobre todo en la simpleza del bajo y ciertos cambios de acordes poco convencionales; pero la estrella indiscutible en la canción es Clark, que se desbarata en declaraciones de cuánto odia estar estancada en los Estados Unidos, lejos de su amor. No se pierdan la hilarante sesión de sexo telefónico del matrimonio a mitad del tema (“¿Qué llevás puesto?” pregunta Black, “No sé”, responde Violet entre risas).

78. “I Bet You Look Good on the Dancefloor” – Arctic Monkeys
Álbum: Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006)

Y al fin llegamos a esto. La primera entrada obvia en el conteo. Los Arctic Monkeys se ganan el premio a banda de rock más inflada de la década, aunque no hay que desecharlos totalmente: tienen suficientes ideas y talento como para que alguna vez lleguen a hacer su obra maestra. Por lo tanto, llevan a su cuesta algunos singles realmente buenos, siendo “I Bet You Look Good on the Dancefloor” el que significó el detonante del hype de los muchachos de Sheffield. La canción comienza como una pequeña explosión, una inyección de adrenalina con una batería que parece una ametralladora y guitarras que caen como rayos. Es una danza demente y frenética la que supone el tema, en el que se enmarca una historia de histeriqueo romántico tremendamente moderna en las pistas de baile. “No habrá Mostescos ni Capuletos, sólo zapatos de baile y sets de DJ’s” escupe Alex Turner, con ese fraseo juvenil y corrosivo que posee. A bailar como un robot de 1984, se ha dicho.

77. “That Great Love Sound” – The Raveonettes
Álbum: Chain Gang of Love (2003)

El duo danés The Raveonettes es una banda que no tiene vergüenza a la hora de admitir sus influencias. Su nombre, después de todo, surge de la unión de los nombres de The Ronettes (el fabuloso trío de chicas de los 60’s creadoras de “Be My Baby”, probablemente la mejor canción pop de todos los tiempos) y “Rave On”, una tonada grabada por Buddy Holly. Yendo más lejos: su primer EP se llamó Whip It On a partir de una famosa frase de “Sister Ray” de Velvet Underground. Ya metiéndonos en “That Great Love Sound”, la banda homenajeada es sin duda The Jesus & Mary Chain. La mezcla infalible de melodía pop sesentosa y guitarras chillonas es la que marca manifiestamente este excitante single, que cuenta con un estribillo tan, pero tan adictivo que tendría que ser ilegal. Las voces de Sharin Foo y Sune Rose Wagner están juntas en todo momento, haciendo que el sonido sea aun más irresistible.

76. “Dead Leaves and the Dirty Ground” – The White Stripes
Álbum: White Blood Cells (2001)

Ya que estamos hablando de bandas compuestas por dos personas, hablemos de los White Stripes. Sin lugar a dudas es una de las bandas más importantes de la década, teniendo en cuenta que alcanzaron su cenit en estos últimos 10 años con dos álbumes imprescindibles: White Blood Cells (2001) y Elephant (2003). Este último fue su disco consagratorio, pero el primero es mi favorito. Ello trajo aparejado un problema: fue realmente difícil escoger sólo una canción de aquel álbum. Finalmente me decidí por “Dead Leaves and the Dirty ground”, pero tengan presente que podrían haber estado en su lugar “Fell in Love With a Girl” u “Hotel Yorba” o “The Union Forever” u “Offend in Every Way” o incluso la olvidada “I Can’t Wait”. En fin, la razón por la que elegí “Dead Leaves…” está puramente ligada a aspectos emocionales: fue la primera canción que escuché de Jack y Meg y, por ende, la que hizo que me interesara en ellos en primer lugar. La canción lleva el sello del dúo: guitarra sucia y potente que tira un riff, batería minimalista y una letra con imaginería siniestra que describe el alejamiento de una pareja, narrada por Jack White, uno de los artistas de rock más interesantes y movedizos de la actualidad.

75. “Free” – Cat Power
Álbum: You Are Free (2003)

Chan Marshall alias Cat Power es una de las mayores exponentes del indie depresivo, con su voz susurrada y enfoque musical intimista. De todas formas, hay veces en las que se libera y se decide a pasarla bien. Les presento a “Free”, entonces: esto es Marshall divirtiéndose, jugando a ser una rockera sexy y despreocupada. Ya desde la voz lo notamos. No es que ande gritando como una desquiciada, pero escuchen cómo canta el verso “Everyboddyyyyyyy/ Come togetheeeeeer”… a mí me calienta, no sé a ustedes. Pará, ¿dije que Marshall se libera? Estoy comenzando a dudar de mis palabras: la canción no hace otra cosa que acumular tensión con cuatro acordes boludos que se repiten. Una batería electrónica entra (“ta ta ta”) y parece que por fin la cosa va a estallar en mil pedazos. Pero no. La guacha nos tienta. Y todo se pone más intenso. Se siguen sumando guitarras, aparece un órgano, la batería emerge cuando se le da la gana, vuelve a salir e ingresa de nuevo... Pero hacia al final hay recompensa para el oyente, cuando en los últimos segundos la tensión es finalmente descargada con unos potentes "Free!".

74. “Boys in the Band” – The Libertines
Álbum: Up the Bracket (2003)

Cuando aparecieron The Libertines, la prensa musical, siempre avispada, no dudó en llamar al grupo “la respuesta inglesa a The Strokes”. La definición era más bien un síntoma de la excitación por una nueva corriente que estaba naciendo, pero uno puede ver de dónde se respaldaron para tal afirmación. ¿Guitarras crudas? Tick. ¿Actitud juvenil y desfachatada? Tick. Como sea, lo cierto es que de la mano de Carl Barât y Pete Doherty (este ultimo más conocido por su relación con Kate Moss y sus líos con la merca), The Libertines se afianzó como una de las primeras grandes bandas independientes de Inglaterra de estos últimos dos lustros, y todo gracias a su muy buen debut, Up the Bracket, de donde se desprende “Boys in the Band”, un guiño irónico a toda aquella chica que se quiso acostar alguna vez con una estrella de rock. Garage directo, sin vueltas, pero con esa notable sensibilidad hacia la melodía que es propia de los británicos.

73. “Almost Crimes” – Broken Social Scene
Álbum: You Forgot It in People (2002)

Broken Social Scene es un esfuerzo colectivo musical canadiense, que a fuerza de ideas y colaboración se erigió como una de las propuestas más arriesgadas de la década. “Almost Crimes” es el cuarto track de You Forgot It in People, el album que les valió el reconocimiento tanto de la crítica como del público. Como en “Free”, nuestro puesto nº 75, la tensión es la vedette indiscutible. El clima es nublado, asfixiante; casi uno puede comenzar a sentir claustrofobia. La batería, rápida y precisa, es acompañada por guitarras ahogadas en la atmósfera opresiva y un monumental duelo vocal entre Kevin Drew y Leslie Feist comienza a llevar las riendas de la canción. Por momentos se suma un saxo desesperado y ruiditos salidos de otra galaxia: todo contribuye a tensionar aún más las cosas. Mi momento favorito llega cuando, hacia el final, Feist lanza un aullido (“Criiiiiiiiiiiiiiiiiiimes”), y uno siente que está ante una experiencia escalofriante, de índole catártico.

72. “You Know I’m No Good” – Amy Winehouse
Álbum: Back to Black (2006)

No pienso detenerme demasiado en esta. Si bien confieso que tiene una voz imponente, Amy Winehouse no me viene ni me va. Y, por más respetable que sea su obra, tengo el presentimiento que la inglesa será más recordada en el futuro por su escandalosa vida privada que por su música. A pesar de todo eso, no puedo evitar prestar mis oídos a “You Know I’m No Good”. Como casi toda la música de Winehouse, hay un anclaje en el motown, aunque la batería hip-hopera proporcionada por Mark Ronson (productor estrellita) le da un toque más moderno. Pero son los vientos los que le otorgan un sabor exquisito a esta historia de desencuentros amorosos y que Amy entona con sinceridad y autoridad, sobre todo cuando canta frases tan categóricas como “Lloré por vos en el piso de la cocina” o “Me engañé a mí misma, como supe que lo haría”. Además, la melodía en las estrofas es sencillamente perfecta, no hay con qué darle.

71. “Jesus, etc.” – Wilco
Álbum: Yankee Hotel Foxtrot (2002)

Ya desde los primeros segundos, la enigmáticamente titulada “Jesus, etc.” se sumerge en un clima de pub amigable con mucho humo de cigarrillo y ruido de porrones de cerveza, donde las personas van a ahogar sus penas en alcohol. En su intimidad melancólica, la canción se desarrolla sin demasiados exabruptos, aunque la letra no hace otra cosa que llegarnos al corazón. Frases como “Tenías razón acerca de las estrellas, cada una es un sol poniente” son de una contundencia prodigiosa. Curiosamente, no me atrevo a afirmar que es un tema deprimente: la instrumentación y la melodía son lo suficientemente hermosas como para hacerte sonreír. Aunque sea una sonrisa triste. Ah, y discúlpenme por el siguiente exabrupto, pero… ¡CÓMO LA ROMPEN ESOS VIOLINES AL PRINCIPIO!


sábado 5 de septiembre de 2009

Las 100 Mejores Canciones de la Década (90-81)

90. “La Song” – Supergrass
Álbum: Life on Other Planets (2002)

Moncho Benavídez, el fan #18 de Supergrass de Argentina, escucha por primera vez “La Song” y comparte sus pensamientos:

Apa, ¿Y ese órgano? ¿Qué es esto? ¿La Iglesia de la Santa Cachucha de los Miradores? Yo no recuerdo haber estado preparándome para ir a la misa del domingo. Ya estoy imaginando al sacerdote venir con sus monaguillos...
Ah, ahora sí. ¡A rockear! Uh, la guitarra te pega con una bolsa llena de pilas doble A. ¿Quién es el que canta? A mí me suena a Lou Reed. ¿Cómo consiguieron los Supergrass a Lou? Bueno, no creo que sea tan difícil, considerando que accedió a grabar con The Killers...
Ahora vino el estribillo. ¡Esto es brit-pop, carajo! “Laralá, laralá”, claro que sí, mierda...
Y volvimos a rockear con Lou Reed (¿es Lou, no? Tiene que serlo)...
Y el estribillo de nuevo...
Vuelve el órgano de la Basílica de Luján... Pero no me engañan, ahora vuelven a rockearla...
Apa, ¿pero qué es eso? ¿Guitarras en reversa? Nos pusimos psicodélicos. Diablo, te llaman...
Ahí está, volvimos al riff, pero esta vez hay un montón de ruiditos de fondo...
Estribillo de nuevo y fin.
Temazo.


89. “Whatever Happened to My Rock 'n' Roll (Punk Song)” – Black Rebel Motorcycle Club
Álbum: B.R.M.C. (2001)

“Me enamoré de una sensación dulce/ Di mi corazón a un simple acorde/ Entregué mi alma a una nueva religión/ ¿Qué te ha pasado, rock ‘n’ roll?” Una duda existencial es la que sirve de disparador para este arrasador single de los B.R.M.C, que a principios de la década, con la hegemonía del nü-metal (Limp Bizkit, Papa Roach y demás impresentables) y el pop adolescente prefabricado, sonaba verdaderamente adecuada: “¿Qué te pasa, rock ‘n’ roll? Antes eras chévere”. Aunque no es necesariamente una “canción punk” como lo anuncia el subtítulo, hay guitarras al frente y un ritmo 4x4 que hace que el asunto se ponga heavy, llevando a pensar que no hubiese estado fuera de lugar dentro de Definitely Maybe, el disco debut de Oasis. La canción después amaga con terminar varias veces, hasta que una voz tipo megáfono nos despide. ¿Me faltó mencionar que comienza con una de las líneas de bajo distorsionado más pulenta de la década?

88. “Kite” – U2
Álbum: All That You Can’t Leave Behind (2000)

Sí, la parafernalia humanitaria de Bono es poco más que insoportable, The Edge sigue rompiendo las bolas con el delay (en serio, macho, ¿no sabés hacer otra cosa?) y U2 hace rato que no es la gran banda que solía ser. Pero, de vez en cuando, sacan a relucir su chapa de leyendas vivientes y nos entregan alguna canción gloriosa. Como “Kite”, de All that You Can’t Leave Behind, su último disco que presenta algunas credenciales de clásico. Sobre violines sampleados y una melodía lacrimógena se destaca la voz de Paul Hewson, que, Live 8 y demás ejercicios de ego aparte, sigue siendo uno de los mejores cantantes del rock. El estribillo, una pinturita: “Who's to say where the wind will take you? / Who's to say what it is will break you? / I don't know which way the wind will blow”. Es un baladón hecho para que las multitudes canten en estadios gigantescos, no caben dudas. Pero... ¿eso es algo malo?

87. “A Drop in Time” – Mercury Rev
Álbum: All is Dream (2001)

Aquí me siento obligado a declarar que tengo mis reservas con respecto a esta entrada. Y es que la canción es el colmo de la ñoñez, una mariconada digna de un musical tipo Disney on Ice. Para que se hagan una idea, no hay guitarras ni bajos ni sintetizadores: el 90% de la instrumentación la proporciona una orquesta de cuerdas. Y ni hablemos de la voz: es tan edulcorada que debería venir con un aviso para los diabéticos. Es una canción infantil, esa es la palabra. Infantil y juguetona. Y eso que hablamos de Mercury Rev, los mismos que en su primer disco Yerself is Steam coqueteaban con la distorsión. Bué, la cuestión es que, a pesar de eso, la melodía es tan jodidamente hermosa que no puedo evitar ablandarme como almohada vieja. Además, la letra (también bastante ñoña) me remonta a queridos sentimentalismos pelotudos personales que no vienen al caso. De todas maneras, hay ciertos caprichos que no perecen: escuchen sino esa batería mugrienta y apagada que hace su entrada en los últimos segundos, generando un interesante contraste.

86. “Trees” – Pulp
Álbum: We Love Life (2001)

Otras leyendas del brit-pop en el conteo (pero no las últimas, lo aseguro). Del último disco de Pulp hasta el momento, We Love Life, llega “Trees”, en el cual a partir de una instrumentación relajada con guitarras acústicas y teclados, Jarvis Cocker (o: el romántico perverso de Sheffield) recuerda a un amor perdido en un paisaje forestal. El estribillo, un curso rápido de fotosíntesis y corazones rotos: “Sí, los árboles/ Esos árboles inútiles/ Producen el aire que respiro/ Sí, los árboles/ Esos árboles inútiles/ Nunca dijeron que te ibas”. Por supuesto, después Cocker insinúa sutilmente chanchadas acerca de revolcarse en las hojas, pero esa es otra historia. Luego de la momentánea separación de la banda, Jarvis se lanzó a una carrera solista que no ha hecho más que decepcionarme. Esperemos que recobra su sentido común y vuelva con su mítica agrupación, así nos sigue dando tonadas como esta.

85. “Helicopter” – Bloc Party
Álbum: Silent Alarm (2005)

Guitarrazos como motosierras oxidadas, pulso post-punk y una batería frenética y nerviosa. Bloc Party llegaron a mitad de la década con Silent Alarm y pronto se transformaron en la enésima banda promesa. Pero con canciones como “Helicopter” no sorprende por qué. La letra parece ser una diatriba anti-yanqui en plan satírico: “Por qué no puedes ser más europeo” canta Kele Orekeke con su voz afectada, aunque con la frase “Igual que su padre, los mismos errores” parecen estar atacando directamente a Jorge W., el ahora ex-presi. El estribillo es éxtasis y desesperación en dosis idénticas: “¿Estás esperando un milagro?”. Ya no sabemos lo que esperamos. Pero, mientras lo averiguamos, está bueno que nos incentiven a pensar.

84. “Do the Whirlwind” – Architecture in Helsinki
Álbum: In Case We Die (2005)

Los australianos Architecture in Helsinki (o, como me gusta llamarlos, “los Arcade Fire en pepas”) es una banda que generalmente suele empalagarme, por lo que debo escucharlos en pequeñas porciones para disfrutarlos completamente. Eso me pasa con todos sus álbumes, con excepción de gran parte de In Case We Die (sin dudas su mejor disco) y eso gracias a canciones como “Maybe You Can Owe Me” (que tranquilamente podría haber entrado a este ranking) o, particularmente, “Do the Whirlwind”, la nº 84 del presente conteo. La primera palabra que se me viene a la mente cuando pienso en este single es “fiesta”. La intención primaria de la canción es que muevas el orto, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Hay instrumentos para tirar al techo. Son los sintetizadores los que marcan el ritmo, pero también hay vientos, palmas y un cencerro. Me parece escuchar una cítara metido en el medio también. Hacia el final, la canción nos da un respiro de tanta joda (y de “hacer el remolino”, que andá a saber cómo carajo se ejecuta) y dulces voces femeninas nos distienden.

83. “Skeletons” – Yeah Yeah Yeahs
Álbum: It’s Blitz! (2009)

Los primeros dos discos de Yeah Yeah Yeahs no me atrajeron demasiado. Tenían sus momentos, pero para mí saltaban a la luz como irregulares. Recién fue gracias a It’s Blitz!, lanzado a principios de este año, cuando por fin llegué a apreciarlos. “Skeletons”, cuarto track del disco, muestra una de las virtudes del disco: la voz de Karen O. Si bien en el pasado ya había mostrado que no tenía que chillar como una condenada para tener presencia (como en “Maps” del primer disco), su voz nunca se oyó tan cristalina y vulnerable como aquí. “Esqueleto, yo” canta Karen mientras se sumerge en un arroyo de corrientes electrónicas de ensueño. Por momentos se suma una melodía que parece música celta y hacia el final, una percusión ruidosísima. Épica.

82. “Cân Megan” – Gorky’s Zygotic Mynci
Álbum: How I Long to Feel That Summer in My Heart (2001)

Los Gorky’s Zygotic Mynci, además de tener uno de los nombres más indescifrables de la historia del rock, comenzaron su carrera siendo unos excéntricos en ácido que se entretenían mezclando folk, guitarras quilomberas y melodías extrañas pero pegadizas. Con el tiempo se fueron calmando, culminando con How I Long to Feel That Summer in My Heart, un disco nostálgico acerca del verano, estación odiosa para mí pero fascinante para los Gorky’s (supongo que es porque en Gales hay un clima espantoso todo el año y al verano sólo lo ves en figuritas). No sorprende, entonces, que “Cân Megan”, con su cálido dúo conformado por los hermanos Euros y Megan Childs, parezca el equivalente musical a una tarde soleada y húmeda al costado del río. Imposible no relajarse al suave compás de esta canción un tanto reminiscente de los Kinks circa Village Green, que además cuenta con una simpática orquesta de vientos borrachines.

81. “Matchbook Seeks Maniac” – Deerhoof
Álbum: Friend Opportunity (2007)

Antes de hablar de “Matchbook Seeks Maniac”, hagan clic acá y escuchen bien. ¿Qué cosa tan rara, no? Suena a Pikachu improvisando con un par de nabos que recién aprenden a tocar sus instrumentos. Bueno, ese es el mundo de Deerhoof. Un mundo extraño, ingenuo, perturbador y en ocasiones irritante. “Matchbook…” es, sin embargo, de lo más accesible del conjunto. Una gema pop de la banda freak por antonomasia, donde la guitarra y el órgano son una misma cosa, y en el cual la cantante Satomi Matsuzaki, con esa voz tan de nena de jardín de infantes, se regocija entre deseos de grandeza: “Vendería mi alma al diablo por ser la cima del mundo” dice ese estribillo tan precioso como incómodo. Si bien en general es un tema pop, su estructura está lejos de ser convencional: hay una estrofa, como dos puentes y varios cambios de tiempo. Y, claro, Deerhoof no se banca no ser sí mismo por mucho tiempo.