90. “La Song” – SupergrassÁlbum:
Life on Other Planets (2002)
Moncho Benavídez, el fan #18 de Supergrass de Argentina, escucha por primera vez “La Song” y comparte sus pensamientos:
Apa, ¿Y ese órgano? ¿Qué es esto? ¿La Iglesia de la Santa Cachucha de los Miradores? Yo no recuerdo haber estado preparándome para ir a la misa del domingo. Ya estoy imaginando al sacerdote venir con sus monaguillos...
Ah, ahora sí. ¡A rockear! Uh, la guitarra te pega con una bolsa llena de pilas doble A. ¿Quién es el que canta? A mí me suena a Lou Reed. ¿Cómo consiguieron los Supergrass a Lou? Bueno, no creo que sea tan difícil, considerando que accedió a grabar con The Killers...
Ahora vino el estribillo. ¡Esto es brit-pop, carajo! “Laralá, laralá”, claro que sí, mierda...
Y volvimos a rockear con Lou Reed (¿es Lou, no? Tiene que serlo)...
Y el estribillo de nuevo...
Vuelve el órgano de la Basílica de Luján... Pero no me engañan, ahora vuelven a rockearla...
Apa, ¿pero qué es eso? ¿Guitarras en reversa? Nos pusimos psicodélicos. Diablo, te llaman...
Ahí está, volvimos al riff, pero esta vez hay un montón de ruiditos de fondo...
Estribillo de nuevo y fin.
Temazo.89. “Whatever Happened to My Rock 'n' Roll (Punk Song)” – Black Rebel Motorcycle ClubÁlbum:
B.R.M.C. (2001)
“Me enamoré de una sensación dulce/ Di mi corazón a un simple acorde/ Entregué mi alma a una nueva religión/ ¿Qué te ha pasado, rock ‘n’ roll?” Una duda existencial es la que sirve de disparador para este arrasador single de los B.R.M.C, que a principios de la década, con la hegemonía del nü-metal (Limp Bizkit, Papa Roach y demás impresentables) y el pop adolescente prefabricado, sonaba verdaderamente adecuada: “¿Qué te pasa, rock ‘n’ roll? Antes eras chévere”. Aunque no es necesariamente una “canción punk” como lo anuncia el subtítulo, hay guitarras al frente y un ritmo 4x4 que hace que el asunto se ponga
heavy, llevando a pensar que no hubiese estado fuera de lugar dentro de
Definitely Maybe, el disco debut de Oasis. La canción después amaga con terminar varias veces, hasta que una voz tipo megáfono nos despide. ¿Me faltó mencionar que comienza con una de las líneas de bajo distorsionado más pulenta de la década?
88. “Kite” – U2Álbum:
All That You Can’t Leave Behind (2000)
Sí, la parafernalia humanitaria de Bono es poco más que insoportable, The Edge sigue rompiendo las bolas con el
delay (en serio, macho, ¿no sabés hacer otra cosa?) y U2 hace rato que no es la gran banda que solía ser. Pero, de vez en cuando, sacan a relucir su chapa de leyendas vivientes y nos entregan alguna canción gloriosa. Como “Kite”, de
All that You Can’t Leave Behind, su último disco que presenta algunas credenciales de clásico. Sobre violines sampleados y una melodía lacrimógena se destaca la voz de Paul Hewson, que, Live 8 y demás ejercicios de ego aparte, sigue siendo uno de los mejores cantantes del rock. El estribillo, una pinturita: “Who's to say where the wind will take you? / Who's to say what it is will break you? / I don't know which way the wind will blow”. Es un baladón hecho para que las multitudes canten en estadios gigantescos, no caben dudas. Pero... ¿eso es algo malo?
87. “A Drop in Time” – Mercury RevÁlbum:
All is Dream (2001)
Aquí me siento obligado a declarar que tengo mis reservas con respecto a esta entrada. Y es que la canción es el colmo de la ñoñez, una mariconada digna de un musical tipo
Disney on Ice. Para que se hagan una idea, no hay guitarras ni bajos ni sintetizadores: el 90% de la instrumentación la proporciona una orquesta de cuerdas. Y ni hablemos de la voz: es tan edulcorada que debería venir con un aviso para los diabéticos. Es una canción infantil, esa es la palabra. Infantil y juguetona. Y eso que hablamos de Mercury Rev, los mismos que en su primer disco
Yerself is Steam coqueteaban con la distorsión. Bué, la cuestión es que, a pesar de eso, la melodía es tan jodidamente hermosa que no puedo evitar ablandarme como almohada vieja. Además, la letra (también bastante ñoña) me remonta a queridos sentimentalismos pelotudos personales que no vienen al caso. De todas maneras, hay ciertos caprichos que no perecen: escuchen sino esa batería mugrienta y apagada que hace su entrada en los últimos segundos, generando un interesante contraste.
86. “Trees” – PulpÁlbum:
We Love Life (2001)
Otras leyendas del brit-pop en el conteo (pero no las últimas, lo aseguro). Del último disco de Pulp hasta el momento,
We Love Life, llega “Trees”, en el cual a partir de una instrumentación relajada con guitarras acústicas y teclados, Jarvis Cocker (o: el romántico perverso de Sheffield) recuerda a un amor perdido en un paisaje forestal. El estribillo, un curso rápido de fotosíntesis y corazones rotos: “Sí, los árboles/ Esos árboles inútiles/ Producen el aire que respiro/ Sí, los árboles/ Esos árboles inútiles/ Nunca dijeron que te ibas”. Por supuesto, después Cocker insinúa sutilmente chanchadas acerca de revolcarse en las hojas, pero esa es otra historia. Luego de la momentánea separación de la banda, Jarvis se lanzó a una carrera solista que no ha hecho más que decepcionarme. Esperemos que recobra su sentido común y vuelva con su mítica agrupación, así nos sigue dando tonadas como esta.
85. “Helicopter” – Bloc PartyÁlbum:
Silent Alarm (2005)
Guitarrazos como motosierras oxidadas, pulso post-punk y una batería frenética y nerviosa. Bloc Party llegaron a mitad de la década con
Silent Alarm y pronto se transformaron en la enésima banda promesa. Pero con canciones como “Helicopter” no sorprende por qué. La letra parece ser una diatriba anti-yanqui en plan satírico: “Por qué no puedes ser más europeo” canta Kele Orekeke con su voz afectada, aunque con la frase “Igual que su padre, los mismos errores” parecen estar atacando directamente a Jorge W., el ahora ex-presi. El estribillo es éxtasis y desesperación en dosis idénticas: “¿Estás esperando un milagro?”. Ya no sabemos lo que esperamos. Pero, mientras lo averiguamos, está bueno que nos incentiven a pensar.
84. “Do the Whirlwind” – Architecture in HelsinkiÁlbum:
In Case We Die (2005)
Los australianos Architecture in Helsinki (o, como me gusta llamarlos, “los Arcade Fire en pepas”) es una banda que generalmente suele empalagarme, por lo que debo escucharlos en pequeñas porciones para disfrutarlos completamente. Eso me pasa con todos sus álbumes, con excepción de gran parte de
In Case We Die (sin dudas su mejor disco) y eso gracias a canciones como “Maybe You Can Owe Me” (que tranquilamente podría haber entrado a este ranking) o, particularmente, “Do the Whirlwind”, la nº 84 del presente conteo. La primera palabra que se me viene a la mente cuando pienso en este single es “fiesta”. La intención primaria de la canción es que muevas el orto, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Hay instrumentos para tirar al techo. Son los sintetizadores los que marcan el ritmo, pero también hay vientos, palmas y un cencerro. Me parece escuchar una cítara metido en el medio también. Hacia el final, la canción nos da un respiro de tanta joda (y de “hacer el remolino”, que andá a saber cómo carajo se ejecuta) y dulces voces femeninas nos distienden.
83. “Skeletons” – Yeah Yeah YeahsÁlbum:
It’s Blitz! (2009)
Los primeros dos discos de Yeah Yeah Yeahs no me atrajeron demasiado. Tenían sus momentos, pero para mí saltaban a la luz como irregulares. Recién fue gracias a
It’s Blitz!, lanzado a principios de este año, cuando por fin llegué a apreciarlos. “Skeletons”, cuarto track del disco, muestra una de las virtudes del disco: la voz de Karen O. Si bien en el pasado ya había mostrado que no tenía que chillar como una condenada para tener presencia (como en “Maps” del primer disco), su voz nunca se oyó tan cristalina y vulnerable como aquí. “Esqueleto, yo” canta Karen mientras se sumerge en un arroyo de corrientes electrónicas de ensueño. Por momentos se suma una melodía que parece música celta y hacia el final, una percusión ruidosísima. Épica.
82. “Cân Megan” – Gorky’s Zygotic MynciÁlbum:
How I Long to Feel That Summer in My Heart (2001)
Los Gorky’s Zygotic Mynci, además de tener uno de los nombres más indescifrables de la historia del rock, comenzaron su carrera siendo unos excéntricos en ácido que se entretenían mezclando folk, guitarras quilomberas y melodías extrañas pero pegadizas. Con el tiempo se fueron calmando, culminando con
How I Long to Feel That Summer in My Heart, un disco nostálgico acerca del verano, estación odiosa para mí pero fascinante para los Gorky’s (supongo que es porque en Gales hay un clima espantoso todo el año y al verano sólo lo ves en figuritas). No sorprende, entonces, que “Cân Megan”, con su cálido dúo conformado por los hermanos Euros y Megan Childs, parezca el equivalente musical a una tarde soleada y húmeda al costado del río. Imposible no relajarse al suave compás de esta canción un tanto reminiscente de los Kinks circa
Village Green, que además cuenta con una simpática orquesta de vientos borrachines.
81. “Matchbook Seeks Maniac” – DeerhoofÁlbum:
Friend Opportunity (2007)
Antes de hablar de “Matchbook Seeks Maniac”,
hagan clic acá y escuchen bien. ¿Qué cosa tan rara, no? Suena a Pikachu improvisando con un par de nabos que recién aprenden a tocar sus instrumentos. Bueno, ese es el mundo de Deerhoof. Un mundo extraño, ingenuo, perturbador y en ocasiones irritante. “Matchbook…” es, sin embargo, de lo más accesible del conjunto. Una gema pop de la banda freak por antonomasia, donde la guitarra y el órgano son una misma cosa, y en el cual la cantante Satomi Matsuzaki, con esa voz tan de nena de jardín de infantes, se regocija entre deseos de grandeza: “Vendería mi alma al diablo por ser la cima del mundo” dice ese estribillo tan precioso como incómodo. Si bien en general es un tema pop, su estructura está lejos de ser convencional: hay una estrofa, como dos puentes y varios cambios de tiempo. Y, claro, Deerhoof no se banca no ser sí mismo por mucho tiempo.